El Sueño de una Noche de Verano: simbolismo astrológico

El Sueño de una Noche de Verano, una de las comedias más afamadas de la literatura universal,  que el genial William Shakespeare escribió a finales del siglo XVI, no se puede entender en su plenitud sin conocer el enorme simbolismo astrológico que contiene y que representa la propia esencia de la trama. En realidad, esta obra de arte es una manifestación del saber astrológico como rito imprescindible de iniciación para el ser humano mediante un canto al amor y a la magia del Solsticio de Verano.

El Sueño de una Noche de Verano es una comedia romántica que se desarrolla en medio de una disparatada y truculenta magia, que discurre principalmente en un bosque a la espera de las primeras luces de la Luna y del Solsticio de Verano mientras sus personajes experimentan una metamorfosis. Es decir, estamos ante una obra absolutamente iniciática y, por tanto, más allá del simple entretenimiento; al alcance de muy pocos. Que nadie pretenda entender esta culta comedia con la limitada visión de la razón.  Al igual que el amor, la esencia de esta obra viene a describir el misterio de la vida y cómo determinados momentos celestes o influencias cósmicas pueden moldearla a su aparentemente caótico antojo. En esta obra, la influencia de la Luna crea una atmósfera irreconocible para la lógica, pero llena de un rico simbolismo en el que fantasías y sueños se mezclan con la realidad; las personas con los seres mágicos; los mitos griegos con los mitos celtas; el Sol con la Luna…

La magia, las risas, el absurdo y el desconcierto enmascaran, para los no iniciados, una historia que es realmente seria, que habla de la trascendencia del ser humano, de su poder de transmutar y de su capacidad de amar, además de mostrar cómo la evolución personal y la alta espiritualidad, de la que hace gala El Sueño de una Noche de Verano, pueden tratarse sin perder el sentido del humor. Los personajes de esta obra se adentran en un bosque, lugar sagrado, como son todas las fuerzas de la naturaleza, para pasar por un rito iniciático, tantas veces disfrazado de otras cosas invisibles al vulgo en el arte universal a lo largo de la historia. Una serie de vicisitudes y equívocos, finalmente superados, representa la metamorfosis imprescindible de todo aquel que quiera aprovechar realmente las fuerzas cósmicas, armonizar con ellas y, en consecuencia, realizarse, amar y ser amado.

El Sueño de una Noche de Verano también está estructurado y cobra sentido a través de los números. Del 1 al 5 transmiten un claro mensaje cada uno. El Uno, a la unión que se llega al final entre cada una de las parejas, para representar la unión de los opuestos; el dos, como símbolo de la pareja y de la dualidad, que es la base de la existencia misma; el tres, número de parejas que se casa al final, porque es el número de la perfección, transmisor y necesario para redondear la dualidad; el cuatro, número de parejas que configuran la obra, por asociación de los cuatro Elementos (Fuego, Tierra, Agua y Aire); y el cinco, número de actos, porque es el número del amor, el número de Venus.

Una maravillada Frances Yates, interesantísima historiadora inglesa, decía que El sueño de una noche de verano “es un asombroso ejemplo del increíble virtuosismo con que Shakespeare hace uso de las imágenes esotéricas”. Y seguro que este conocimiento lo adquirió, en parte, de las claves mitológicas de la Astrología. No cabe duda, por ejemplo, de que el autor bebió de las fuentes de una obra maestra y de culto como Las Metamorfosis de Ovidio para inspirarse en las desconcertantes historias que sufren sus personajes en el bosque.

 

DUALIDAD Y TRANSFORMACIÓN ALQUÍMICA

La polaridad y el juego de opuestos están presentes de principio a fin y se convierte en una de las grandes claves. Una polaridad que es la base de la Astrología, como enseñaba Empédocles. No hay concepto en toda la trama que no tenga su contraparte: hombre-mujer; día-noche; risa-llanto; consciente-inconsciente; sueño-vigilia; bosque-ciudad; mundo real-mundo de las hadas y duendes; razón-corazón; orden-caos; cielo-tierra: Marte-Venus; Sol-Luna… Una dualidad que deben atravesar y superar los personajes para pasar del mundo consciente y real al mundo de la fantasía y la magia, y viceversa. Una dualidad que sirve de base y elementos necesarios para que se produzca la reacción química mágica del amor. ¿Qué es el amor sino una química secreta?

Por si alguno se despista, algunos pasajes se encargan de recordar al espectador que debe estar atento, que estamos ante una historia dual. Herminia dice: “Diríase que una ilusión óptica me engaña y que las cosas dobles veo”. Puck, ese duende travieso al servicio de Oberón que hace las veces del Mercurio astrológico en esta comedia; señala:

“¿Todavía no hay más que tres? Venga una más. Dos de cada sexo, y harán cuatro. Aquí llega la otra, indignada y triste. Cupido es un muchacho bien travieso cuando hace perder así la razón a las pobres”.

Lo esencial de esta inteligente y profunda comedia es el rito que deben pasar el hombre y la mujer desde la soltería al matrimonio, mucho mejor dicho, desde ese ser individual a ese ser mixto que se forma tras la metamorfosis personal de ambos y la unión de la pareja. Que acaba realizándose, lógicamente, con la entrada del Sol en Cáncer, el signo que marca el fin del individualismo para entrar a formar el clan familiar.

 

LOS CUATRO ELEMENTOS

La obra comienza con una declaración de intenciones, para hacer saber –solo al entender de los iniciados– de qué va realmente la obra. Éste es el diálogo de inicio entre Teseo y su amada Hipólita:

“TESEO.- Gentil Hipólita, la hora de nuestras nupcias se acerca ya. Cuatro felices días traerán la luna nueva. Pero ¡oh, cuán lenta me parece en menguar la vieja! Aniquila mis esperanzas como una suegra o una viuda que no acaba de morirse y consume las rentas del joven heredero.

HIPÓLITA.- Cuatro días cederán pronto a otras noches; cuatro noches verán pronto volar el tiempo como un sueño, y entonces la luna, semejante a un arco de plata recién curvado en el cielo, alumbrará la noche de nuestras solemnidades”.

Toda la trama se desarrolla durante cuatro días en torno al Solsticio de Verano. Las cuatro parejas significan los Cuatro Elementos (Fuego, Tierra, Aire y Agua), tan importantes para la Astrología, la filosofía y la medicina.  Teseo e Hipólita, Lisandro y Herminia, Demetrio y Elena, más Oberón y Titania, los reyes de las Hadas. El número cuatro aparece constantemente incluso en la cantidad de Hadas: (Chicharillo, Telaraña, Polilla y Mostaza).

El simbolismo del cuatro culmina y se justifica al final de la obra con una múltiple boda en medio de la alegre danza de las hadas mientras se conmemora el inicio del verano, justo cuando el Sol entra en Cáncer, el cuarto signo del Zodiaco. Regido por la Luna y perteneciente al Elemento Agua, es uno de los más signos más místicos; domina el inconsciente y los sentimientos. El símbolo de Cáncer es dual, significando esa unión de opuestos, así como el paso a una nueva vida, en este caso, de la persona realizada que nace a una nueva vida, que tras superar su viaje y rito de iniciación, alcanza un estadio superior.

 

LOS CINCO PRIMEROS SIGNOS DEL ZODIACO

La obra consta de cinco actos en los que Shakespeare despliega cada uno en función de los cinco primeros signos del Zodiaco y en el orden que les corresponde (Aries, Tauro, Géminis, Cáncer y Leo).

Veamos los primeros compases del primer acto, el que corresponde a Aries, gobernado por Marte, aunque, como en el irrenunciable diálogo de opuestos que muestra el genio a lo largo de toda la obra, debe compensarlo hablando de Venus:

TESEO.- Ve, Filostrato, prepara a la juventud ateniense para las diversiones; despierta el espíritu bullicioso y vivaz de la alegría; relega la tristeza los funerales; la pálida compañera no conviene a nuestros regocijos.

Hipólita, gané tu corazón con mi espada y merecí tu amor ofendiéndote, pero me desposaré contigo de bien distinto modo en medio de la pompa, el triunfo y los festines.

Shakespeare no da puntada sin hilo, y habla claramente de los planetas sin citarlos, lo que demuestra que conoce perfectamente el influjo de los mismos: Teseo gana el corazón con la espada. Toda conquista es marciana, igual que las espadas, y también las ofensas. Sin embargo, los desposorios, las fiestas y los triunfos tienen un marcado carácter venusino.

El segundo acto no puede ser más explícito para señalar a Tauro, el segundo signo del Zodiaco, cuando dice:

“TITANIA.- ¡Ésas son invenciones de los celos! Que nunca, desde los albores del solsticio, de verano, nos vemos en montaña o valle, en bosque o en pradera, junto a la abrupta fuente, en la juncosa margen del arroyo o al borde de la costa marina para danzar nuestros corros al silbido del viento, sin que vengas a turbar nuestros juegos con tus alborotos…El buey ha jadeado por ello inútilmente bajo su yugo…”

Si el primer acto se desarrollaba en el palacio de Teseo, en este segundo la acción se traslada al bosque, es decir en medio de una frondosa naturaleza, una característica de Tauro, al que alude más directamente cuando aquí Titania habla de los celos y del buey, símbolo del signo.

El tercer acto empieza sobre qué falta escribirse para redondear la obra y cuáles son los matices necesarios para transmitirla al espectador. ¿Puede haber algo más Géminis que esto?

“LANZADERA.- Nada de eso: tengo un recurso para arreglarlo todo. Escribidme un prólogo, y que ese prólogo dé a entender que no haremos daño a nadie con nuestras espadas y que Píramo sólo se mata en broma. Para mayor seguridad, decidles que yo, Píramo, no soy Píramo, sino el tejedor Lanzadera. Esto acallará su miedo.

CARTABÓN.- Pues bien: tendremos un prólogo de esa especie, y se escribirá en verso de ocho y de seis sílabas.

LANZADERA.- No; poned dos más: que se escriba en versos de ocho y ocho”.

Como no podía ser de otro modo, por otra parte, ocho y ocho para respetar ese número cuatro, por un lado, y, de paso, para señalar el número clave para la transmutación., el que implica la muerte y regeneración.

El cuarto acto empieza con un personaje dormido, acunado, mimado y alimentado por otro. ¿Puede haber algo más arquetípico del signo Cáncer?:

“TITANIA.- Acércate, ven a sentarte en este florido lecho. Ven a que te acaricie las encantadoras mejillas, a que ponga rosas de almizcle en tu cabeza blanda y lisa y bese tus largas y hermosas orejas, suave deleite mío.

TITANIA.- Duerme, que yo te sostendré en mis brazos. Hadas, marchad a vuestros respectivos puestos. (Salen las HADAS.) Así se enlazan gentilmente los tallos de la madreselva olorosa: así rodea con dulzura la hiedra a la corteza del olmo, como la sortija del esposo estrecha el dedo de la novia. ¡Oh! ¡Cuánto te amo! ¡Cuánto te idolatro! (Duermen.)”

Finalmente, y como no podía ser de otro modo, en el quinto acto – que se desarrolla, de nuevo, en los aposentos palaciegos- aparece el León formando pareja con Claro de Luna, personajes clave para poner el colofón de la obra.

Es una gloriosa forma de cerrar la obra, porque al combinarse el Sol y la Luna se opera definitivamente la transformación alquímica y se cierra el círculo que implica toda unión, es la unión de lo masculino con lo femenino, del consciente con el inconsciente, de la voluntad y el corazón. El quinto signo es Leo, el signo que rige el corazón y el amor. Además, es el número de Venus, el planeta del amor.

Por supuesto, cinco son los personajes que intervienen en este delirante y absolutamente iniciático entremés de la obra (Píramo, Tisbe, Muro, Claro de Luna y León).

 

EL ENIGMA Y LA GENIALIDAD DE SHAKESPEARE

shakespeareNació en Stratford-upon-Avon, Inglaterra, no se sabe la fecha, pero sería bautizado el 26 de abril de 1546, y falleció el 23 de abril de 1616. Porque era normal que hubiera nacido pocos días antes de ser bautizado, y por lo poético de haber nacido el mismo día de su muerte, aunque en diferentes años, se atribuye el día 23 de abril como fecha de nacimiento. Incluso se ha calculado, en base a acontecimientos de su vida, su carta astral, que, además, justificaría su especial interés por el Midsummer, ya que se le calcula el Ascendente en el signo de Cáncer (ver gráfico)

Es el más célebre escritor de Inglaterra, considerado por muchos el mejor escritor de la historia mundial, quizá junto a Dante, sobre quien escribimos hace pocos números en la revista Tu Suerte (número 217, julio 2013).

WILLIAM SHAKESPEARESe casó en 1582, a los dieciocho años de edad, y se desconoce gran parte de su vida durante esa década, hasta que aparece en Londres, en 1592, como dramaturgo y actor. En 1611 compró una gran propiedad y se retiró a vivir a su pueblo natal. A su muerte le sobrevivieron dos hijas, pero ninguna de ellas tuvo descendencia. Poco después, empezaron a correr rumores que ponían en duda la auténtica veracidad de la autoría de Shakespeare sobre sus obras, unas dudas que siguen en la actualidad.

Se sabe que William Shakespeare no fue a la universidad y no tenía estudios superiores académicos, no sabía griego y, al parecer, el latín no era su fuerte, lo que engrandece más su talento. Sobre su vida predominan las incógnitas, pero debió ser una persona altamente instruida que leyó mucho, dicen que gracias a la amistad que tenía con un librero. Nadie que no poseyera notables estudios sobre simbolismo, astrología y alquimia hubiera podido escribir el Sueño de una Noche de Verano.

Shakespeare escribió a lo largo de su vida más de treinta obras, a lo largo de las cuales usa nomenclatura astrológica en unas 100 ocasiones, amén de aspectos directamente relacionados con este saber que se convierten en el centro de sus obras, como ocurre con el destino y el rey Lear.  También en La Tempestad, la otra obra más mágica o astrológica del escritor, donde el personaje principal está inspirado en el mago y astrólogo de la corte de Isabel I, John Dee, contemporáneo, por cierto del genio de Stratford.

No diré que Shakespeare fuera astrólogo, aunque es obvio que tenía interesantes conocimientos al respecto, pero si declaro que El Sueño de una noche de verano es una obra esencialmente astrológica. Una de las obras de la literatura universal más elevadas para entender el influjo de la Luna y del sagrado y mágico Solsticio de Verano sobre los seres humanos.

 

LA MAGIA DEL SOLSTICIO DE VERANO

Midsummer Night’s Dream, el título original en inglés de la esta deliciosa comedia, no deja lugar a duda sobre lo que pretendía mostrar el bardo. Midsummer señala concretamente los días que van del 21 al 24 de junio, cuando el Sol entra en el signo de Cáncer (el día no es fijo y varía en función del año), es decir, el Solsticio de Verano, que luego los cristianos transformaron en San Juan y le pusieron fecha fija, el 23. Shakespeare, pues, se refiere a las fiestas paganas solsticiales, a la magia astrológica de ese momento en particular. De lo contrario, habría titulado El Sueño de una Noche de San Juan, como algunos traductores hacen erróneamente, por dos motivos: porque no es esa la traducción literal y porque no es ese el sentido de la esta obra iniciática.

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En esos días ocurren dos fenómenos muy importantes: 1) La culminación de las horas de Sol -la luz, como símbolo espiritual- cuando la estrella alcanza su más elevada trayectoria sobre los simples mortales. 2) Figuradamente, los espíritus invisibles de la Naturaleza como las hadas y los duendes juegan con la magia de la luz y el color, que se manifiesta en la flora y la fauna, por ejemplo, en los pétalos de las flores y en el abdomen de las abejas.

Este artículo fue publicado por primera vez en la revista Tu Suerte nº 228, correspondiente al mes de junio de 2014, una revista que fue fundada y dirigida por Vicente Cassanya desde 1998 hasta 2015.

Por | 2017-04-19T14:10:19+00:00 Mayo 15th, 2016|Astrología y Cultura, Blog|12 Comentarios

Sobre el autor:

Vicente Cassanya
Astrólogo profesional desde 1981. Autor de varios libros y del mejor Anuario Astrológico del mundo, que se viene publicando sin interrupción desde 1992 en España y América. Ha sido presidente de Astrólogos del Mediterráneo. Director de las revistas astrológicas Urania (1985-87) y Tu Suerte (1998-2014). "Saber más sobre mi"

12 Comentarios

  1. Teresita Ines Zelaya 20 Junio, 2016 en 9:24 pm- Contestar

    maravilloso……realmente me obnubila cada vez que recibo este correo…..Gracias >Vicente

  2. Élida 23 Mayo, 2016 en 3:28 pm- Contestar

    Realmente sorprendente para mí este trabajo de investigación que has hecho, Vicente. Me has aclarado de manera amena y fácil, la relación entre esta magnífica obra de Shakespeare y la astrología. Un abrazo y gracias

  3. alicia emilce 16 Mayo, 2016 en 5:07 pm- Contestar

    Gracias Cassanya, cada vez me sorprendes mas.Es una historia preciosa

    • Vicente Cassanya
      Vicente Cassanya 16 Mayo, 2016 en 6:06 pm- Contestar

      Gracias a ti, Alicia. Me alegra sorprenderte. La auténtica Astrología todavía es desconocida por la inmensa mayoría de la humanidad.
      Un abrazo y suerte

  4. maria ines pensotti 16 Mayo, 2016 en 5:51 am- Contestar

    Sorprendente!!! Gracias por su interpretacion, interesante!! siempre me llamo la atencion esta obra y ciertamente que es muy bella.

  5. Rosie Abufhele 15 Mayo, 2016 en 3:58 pm- Contestar

    Gracias por esta maravillosa interpretacion, realmente mágica!
    Jamás la hubiera imaginado
    Mis mayores respetos y admiracion para Vicente por aproximarnos a este mundo maravilloso de la astrología

    • Vicente Cassanya
      Vicente Cassanya 15 Mayo, 2016 en 4:37 pm- Contestar

      Gracias a ti, Rosie. Me divertí mucho realizando esta investigación. Y sí, realmente la Astrología es un mundo maravilloso.
      Un abrazo y suerte

  6. edgar alonso uzcategui 15 Mayo, 2016 en 3:01 pm- Contestar

    Excelente este análisis presentado por el amigo Cassanya, logra llamar la atención sobre la obra, con un especial y sencillo enfoque. Muy bueno.

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