Egipto, un viaje mágico

¿Qué grandes misterios encierran las fastuosas pirámides de Giza, en el Cairo? ¿De dónde proviene realmente la mágica civilización egipcia? ¿Cuáles son los orígenes y significados del fabuloso zodiaco del templo de Dendera? Las preguntas serían interminables, porque Egipto es mucho más que un país, es una civilización que supo entender que la verdadera esencia de la magia estaba en la hermandad con los astros, en aceptar de una forma visionario que somos uno con el todo. Y por eso ejerce ese poderoso hechizo que sobre la inmensa mayoría, por eso forma parte del inconsciente colectivo.

Estas mismas preguntas y reflexiones se agolparon en mi mente a mitad del pasado mes de noviembre de 2015, cuando, una vez mes, visité el país del Nilo.

Hacía un par de semanas que se había dado a conocer la noticia: la pirámide de Keops parece entrañar pasadizos o materiales extraños aún por descubrir, habiendo permanecido ocultos a la humanidad durante más de 4.500 años. Un escaneado de las pirámides, realizado por un equipo científicos de diversos países, utilizando técnicas no invasivas con termografía de infrarrojos y detectores de partículas cósmicas, ha descubierto que hay dos puntos de la gran pirámide que tienen una diferencia de temperatura de seis grados respecto a las otras. Una de ellas está en la zona superior, la otra, estratégicamente situada en la base que da al Este, por donde sale el Sol, hacia el enigmático lugar donde se halla la Gran Esfinge.

Había que estar ahí. Y allá que fuimos un equipo de siete personas para hacer un viaje muy especial, lleno de magia, compañerismo y buen humor.

Era emocionante estar junto a la gran pirámide y tocar ese punto mágico, esos colosales bloques de piedra, de distinto color y profundidad que los de alrededor y tras los cuales ahora sabemos que aguarda un gran secreto.

“No podemos contarlo todo, pero parece que lo que hay aquí es muy importante”. Así nos hablaba, junto a esas piedras, Salah Atris Abd Alait, egiptólogo y catedrático de Filología Hispánica.  Su entusiasmo era patente a lo largo de toda la conversación que tuvimos con él, que acabó sentenciando así: “2016 será el Año de las Pirámides”.

Tras un par de días en la capital, que, aprovechamos para darnos una vuelta por algunos lugares emblemáticos del Cairo, como el barrio cristiano Copto o la mezquita de Ibn Tulun, la más antigua de El Cairo, que data del año 879, era hora de volar hacia Luxor.

Egipto estaba como nunca antes lo habíamos visto, prácticamente desierto de turistas. El 90% de los hoteles de Luxor, cerrados a cal y canto, y las embarcaciones de pasajeros amarradas en las orillas del Nilo… Una lástima, porque muchos egipcios viven del turismo, que supone una de las mayores fuentes de divisas para el país, y no lo están pasando bien. Sin embargo, gracias a esas condiciones, nosotros pudimos disfrutar con enorme calma de todos y cada uno de los lugares que visitamos, sin el habitual bullicio y aglomeración que suele haber siempre. Era insólito poder disfrutar de aquellas maravillas de una forma tan exclusiva.

 

El Valle de los Reyes

En el Valle de los Reyes, pudimos contemplar, una vez más, la momia de Tutankhamon, pero esta vez con un aliciente especial: el agujero que han abierto en la pared que da a los pies del sarcófago y donde algunos afirman que está Nefertiti, lo que supondría un hallazgo histórico.

Claro que a mi me parecen mucho más fascinantes las tumbas de Ramsés VI y la de la reina Tausert, con sus ricos y simbólicos grabados astrológicos, como las magníficas pinturas de Nut, diosa del cielo, las de Osiris y tantas otras que representan divinidades celestes. En ausencia de gente y de ruido, la evocadora atmósfera que destilaban esas tumbas sagradas era pura quietud que invitaba a la trascendencia y a realizar un viaje en el tiempo. Nunca antes había contemplado estas dos tumbas, que figuran entre mis favoritas de todo Egipto, de este modo tan íntimo.

Por supuesto, no perdí la ocasión de comprobar, a lo largo de todo el viaje, ciertos alineamientos estelares de algunos templos y lugares emblemáticos. La civilización egipcia fue básicamente estelar, para ellos todo giraba en torno a los astros.

 

El Zodiaco de Dendera

Al día siguiente, otro plato fuerte y uno de mis lugares favoritos de todo Egipto: el fascinante templo de Dendera, en honor a la diosa Hator, que alberga un fabuloso techado astrológico, a la entrada del templo, con todos los signos del zodiaco a cobijo de la diosa Nut, además del histórico Zodiaco de Dendera. Éste es una réplica, ya que el original se lo llevó Napoleón, después de invadir Egipto, a principios del siglo XIX; desde el año 1820 está en el Museo del Louvre, en Paris. De todos modos, estar en aquella pequeña estancia, bajo tan singular zodiaco en piedra, es simplemente excitante.

Zodiaco de Dendera Astrología Cassanya

 

La magia de la diosa Sekhmet

La visita a los templos de Karnak y Luxor aún nos deparaba una impresionante sorpresa. De visita en el templo de Karnak, Miguel Blanco nos llevó hasta una diminuta capilla apartada del recorrido habitual, poco conocida y que abrieron para nosotros. Allí, en una sala de pequeñas dimensiones, de unos seis metros de profundidad por unos tres de ancho, a oscuras, con la única luz que entra de refilón por la puerta, estaba la impresionante estatua de la diosa Sekhmet. De pie, con unos dos metros y medio de altura y de color negro, aquella imagen de la diosa con cuerpo de mujer y cabeza de leona, coronada por el disco solar, causaba un potente impacto energético que cada uno percibía de un modo distinto. Miguel nos pidió que entrásemos de uno en uno, entrar y salir. Cuando me tocó a mi, pasó algo extraño.

Al pasar la puerta de entrada y dar dos pasos, giré a la izquierda para situarme justo frente a la diosa. El impacto pude sentirlo físicamente, a pesar de que no soy especialmente sensible. Me dirigí a ella y le pedí que estuviera tranquila, que venía de buen rollo y que éramos iguales. Caminé cinco pasos hasta llegar a ella, la abracé y la acaricié. En ese momento, una energía especial parecía fluir entre nosotros. Me alejé de ella sin darle la espalda como muestra de respeto y, justo a la altura de la puerta, le hice una reverencia, me despedí y le deseé lo mejor. Giré a mi izquierda de nuevo para salir, pero entonces vi unas pequeñas esferas blancas que parecían brotar del suelo y subían hacia arriba. Cogí el móvil y le hice una foto por si podía captar aquello, pero nada. Pensé que me pasaba algo extraño, salí y se lo conté a mis compañeros de viaje.

Justo antes de irnos, miré la foto que le acababa de hacer y me di cuenta de que, al hacerla a oscuras, el disco solar no había salido completo. Así que volví a entrar para repetir la foto. Y entonces, al poner el flash aparecieron aquellas partículas de energía de nuevo. Llamé a mis compañeros para que vieran lo que les acababa de explicar y todos pudimos ver aquel extraño fenómeno, todos haciendo fotos y vídeos mientras alucinábamos.

No podíamos dar crédito a lo que veíamos, a pesar de estar fotografiándolo y filmándolo con los teléfonos móviles, no podíamos entender qué estaba pasando, de qué se trataba aquella fascinante danza de energías que nos envolvía y que iba creciendo en ritmo e intensidad conforme pasaban los segundos.

 

IEAE (Instituto de Estudios del Alto Egipto)

Para el recuerdo nos quedó también la noche que nos invitaron a cenar en el IEAE (Instituto de Estudios del Alto Egipto), con un fantástico equipo de arqueología, compuesto por unos treinta especialistas y capitaneado por la entrañable pareja de Francisco Martín Valentín y Teresa Bedman, dos de los más importantes arqueólogos españoles, que llevan trabajando allí desde el año 2000.

El sábado por la mañana, además, nos invitaron a visitar su excavación, donde pudimos ver un sarcófago que contenía una momia, correspondiente a un alto sacerdote de Karnak, antes de que se diera a conocer a la prensa su espectacular descubrimiento de la tumba del sacerdote de Amon Anj-ef-Jonsu.

Conmovidos aún por lo que habíamos tenido el privilegio de ver, además de escuchar la clase magistral y apasionada con la que Francisco nos mostró todo aquello, era hora de regresar a El Cairo para volver a Madrid.

No sin antes emitir el programa de radio desde el mismísimo Luxor.

 

Agradecimientos

Fuimos un equipo de siete personas, de la mano de Miguel Blanco y el programa Espacio en Blanco, de Radio Nacional de España. Nuestro agradecimiento a ellos.

Gracias a Karnak Travels y Dunas Travel, que cuidaron de nosotros en todo momento de una forma impecable. También va nuestro especial agradecimiento a los entrañables Ibrahim y Tito, así como a los guías y escoltas que tuvimos a lo largo del viaje.

Al hotel Four Seasons del Cairo y hotel Sonesta Saint George de Luxor, dos de los mejores hoteles de todo Egipto y ambos a la orilla del Nilo, el río más largo del mundo. En ambos hoteles, espectaculares y muy bien situados, nos atendieron de forma magnífica. Nuestro agradecimiento a sus directores, Mahmond Elkeiy y Khairy Ismail, respectivamente.

Por |2017-04-19T14:10:19+00:00diciembre 28th, 2015|Blog, Cultura Astrológica|0 Comentarios

Sobre el autor:

Vicente Cassanya
Astrólogo profesional desde 1981. Autor de varios libros y del mejor Anuario Astrológico del mundo, que se viene publicando sin interrupción desde 1992 en España y América. Ha sido presidente de Astrólogos del Mediterráneo. Director de las revistas astrológicas Urania (1985-87) y Tu Suerte (1998-2014). "Saber más sobre mi"

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