CLAVES OCULTAS DE LA RENUNCIA DEL PAPA BENEDICTO XVI Este es un resumen del extenso artículo que publiqué en 2013 con motivo de la renuncia del papa Benedicto VI (revista Tu Suerte nº 214 perteneciente al mes de abril de 2013, fundada y dirigida por mi desde 1998 hasta 2015), fallecido recientemente el pasado 31 de diciembre de 2022. El pasado 11 de febrero el papa Benedicto XVI anunciaba su histórica renuncia. Ese mismo día un rayo caía sobre la cúpula del Vaticano. Unos días después, el día 15, un asteroide pasaba rozando la Tierra, mientras un meteorito se estrellaba en Rusia. Mientras escribo este artículo, un par de cometas son visibles al mismo tiempo. Grandes acontecimientos históricos junto a fenómenos cósmicos, señales de los tiempos de un cambio milenario al que asistimos, el de la Era Piscis a la Era Acuario. Los enigmas que se esconden detrás de esta sorprendente renuncia son muchos, y aquí no vamos a entrar a analizar los escándalos y polémicas que rodean al Vaticano y a la Iglesia católica. Vamos a mostrar algo diferente y de nuestra competencia: los poderosos hilos astrológicos que hay detrás –asombrosos, mayores de lo que nadie pueda suponer- y que pueden dar una nueva luz a este momento histórico. Trataremos de responder a este tipo de preguntas: ¿Por qué renuncia Benedicto XVI? ¿Qué relación tiene su renuncia con la Astrología? ¿Tiene la Astrología algo que ver con el Vaticano? Y, sobre todo, ¿por qué se empeña Ratzinger en cumplir el destino que señala su carta astral? La Iglesia Católica y los papas siempre tuvieron una relación de amor-odio respecto a la ciencia sagrada de los astros, la Astrología. Esa ambivalencia no es cuestión únicamente de un pasado abundante en anécdotas tan sorprendentes como llamativas, sino que continúa en la actualidad. Los motivos son varios, pero uno en especial -motivo de un secular y polémico debate- sobrevuela como un fantasma por encima de todos: ¿se puede conciliar el dogma de la libre voluntad con la influencia de las estrellas? Esta atormentadora duda se debate también entre el corazón y el intelecto del ahora papa emérito. ¿Cómo se entiende, si no, su empeño por estudiar la fenomenología astrológica que señaló el nacimiento de Jesús y que guió a los Magos? Y, sobre todo, ¿Cómo se entiende que use él mismo –aunque de forma subliminal- los símbolos astrológicos y sus poderosos mensajes? Benedicto XVI sabía, como siempre supo la Iglesia, que hay dos tipos de astrólogos y dos tipos de astrología: una que detestan, la judiciaria, destinada a adivinar, y otra que casi siempre aprobaron y usaron ampliamente, la genetlíaca, pero, sobre todo, la mundial o política y la de los fenómenos naturales…. Al estudiar la trayectoria y los escritos de Benedicto XVI esta división parece ser una de sus obsesiones, la que justificaría sus aparentes contradicciones, como las que mostraron abiertamente y sin tapujos Santo Tomás de Aquino y otros pensadores ilustres, reprobando un determinado tipo de astrología o prácticas astrológicas y, al mismo tiempo aprobando otras. No se trataría en este caso, pues, de una contradicción, sino de una postura intelectual y filosófica para tratar de separar el grano de la paja de esta ciencia sagrada de los astros. Todavía en la actualidad, en pleno siglo XXI, la Astrología se debate entre ese tipo de prácticas y practicantes: personas sin escrúpulos que dicen ser astrólogos y recurren a todo tipo de hipótesis ad hoc para justificar cualquier cosa con sus escasos conocimientos astrológicos y astrólogos que entienden la dimensión espiritual y, al mismo tiempo, las limitaciones de un saber que se ha considerado sagrado en todas las culturas. Este sería el verdadero propósito o el auténtico motivo para que Benedicto XVI muestre aparentes contradicciones respecto a la Astrología: dice que el nacimiento de Jesús anunció el fin de la Astrología. Pero ensalza a los Magos -que como todo el mundo sabe eran astrólogos-, reconoce las señales astrológicas del nacimiento de Jesús y, lo que es más asombroso, él mismo utiliza los símbolos astrológicos. Para ver estas aparentes dicotomías en Benedicto XVI es suficiente leer su reciente libro La Infancia de Jesús, (1) concretamente el capítulo IV, titulado Los Magos de Oriente, publicado en 2012. Estas alabanzas a los Magos ya las había pronunciado a principios del 2010 –el mismo año que, meses más tarde, emplearía símbolos astrológicos en apariciones públicas- en su discurso del Ángelus de la Solemnidad de la Epifanía del Señor: “Sabios que escrutaban los astros y conocían la historia de los pueblos” “Los Magos escuchan las profecías y las acogen; y en cuanto reanudan el camino hacia Belén, ven de nuevo la estrella, casi en confirmación de una perfecta armonía entre la investigación humana y la Verdad divina, una armonía que llena de alegría sus corazones de auténticos sabios”. En los Magos hay “unidad entre inteligencia y fe”. “Hombres de ciencia en sentido amplio, que observaban el cosmos considerándolo casi como un gran libro lleno de signos y de mensajes divinos para el hombre”. (2) Sin embargo, el moderno catecismo (3) rechaza la consulta de horóscopos y la astrología: Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone “desvelan” el porvenir (cf Dt 18, 10; Jr 29, 8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “mediums” encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios. Estas mismas contradicciones aparentes a los ojos de los no iniciados se muestra muy a las claras en numerosos ejemplos. Qué perturbador debe ser para Benedicto XVI, como lo ha sido para tantos otros ilustres papas y pensadores tratar de hallar el punto medio entre ciencia y religión, entre razón y fe, entre libertad y libre albedrío, entre la búsqueda de la verdad y, quizá, la necesidad de imponer al mundo un dogma superior a cualquier otro. Seguramente, tan perturbador como tener la conciencia de que la Astrología es una ciencia sagrada y espiritual y ver que está tan prostituida. Benedicto XVI usa símbolos astrológicos “Soy un peregrino en su última etapa”. Nadie que hubiera querido explicar con palabras lo que representa la polisemia de Júpiter sobre un Ascendente Piscis hubiera podido resumirlo mejor. Tanto Júpiter como Piscis están estrechamente relacionados con las peregrinaciones; Piscis, además, es el último signo del Zodiaco, la última etapa. La carta astral de Benedicto XVI tiene Ascendente Piscis y Júpiter en Ascendente. Desde la antigüedad, la renuncia y la reclusión o el retiro espiritual están regidas por Piscis, y esa lapidaria frase de despedida pronunciada desde el balcón de Castel Gandolfo al dirigirse a la multitud congregada en la plaza tiene un profundo carácter astrológico. Es más, hace pensar que Benedicto XVI quiere cumplir con el gran destino que señala su carta astral, como vamos a ver. Su decisión de renuncia debió ser largamente meditada; durante años su corazón podía albergar un profundo deseo de que llegase la hora. Pero, ¿por qué eligió este momento para dar ese paso tan decisivo en su vida personal como histórico y de auténtica conmoción para la Iglesia Católica? Las casualidades no existen, y menos para quienes saber leer los signos. Su aparentemente precipitada renuncia está marcada por una de las mayores concentraciones astrales en el signo de Piscis desde que nació Jesús: el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Quirón y Neptuno han llegado a reunirse en este último signo del Zodiaco. Piscis es, además, el signo de la Iglesia Católica, pero también de la actual Era Astrológica. Esta renuncia no es solo importante para el catolicismo, sino uno de los símbolos más relevantes del lento e inexorable cambio de la Era Piscis a la Era Acuario del que estamos siendo testigos y que aún durará muchas décadas. Pero si alguien es tan ingenuo o escéptico como para pensar que todo esto no son más que casualidades o elucubraciones y que Benedicto XVI desaprueba la Astrología o no la tiene en cuenta que lea lo que viene a continuación. Londres, año 2010. Del 16 al 20 de septiembre Benedicto XVI efectúa una histórica visita al Reino Unido con un claro mensaje evangelizador. Y allí ocurre algo increíble y muy significativo para lo que aquí estamos narrando, algo que casi nadie podría creer. Sin embargo, ahí están las pruebas documentales. Sucedió durante su visita al Mary’s College, mientras les transmitía a los alumnos su propia honda preocupación que hemos descrito con anterioridad, su obsesión por hacer encajar el conocimiento con la fe. Allí, en pleno fervor evangelizador, unos símbolos muy explícitos presiden, a modo de telón de fondo pero ocupando claramente el centro de la escena, del que incluso es desplazado el papa, un subliminal y poderoso mensaje astrológico: un gran logotipo con un 2010 -pintado de una manera muy llamativa-, en el centro, rodeado de un doble círculo en el que se inscribe un evocador lema. Desde ese círculo parten hacia ambos lados una especie de lazos rojos y amarillos. Todo el logotipo en sí, y cada uno de los elementos descritos, son símbolos astrológicos que nadie pareció advertir. Sin embargo, es un claro pictograma astrológico que representa a Júpiter (obsérvese la figura que forman entre el 2 y el 1 de ese 2010) en Piscis (lazos hacia uno y otro lado desde el círculo central). Júpiter en Piscis es exactamente lo que tiene Benedicto XVI en su Carta Astral Natal, que además están en el Ascendente, es decir, el punto más personal de su horóscopo, un punto sobre el que parecen pivotar muchas de las ideas del papa, al que vuelve una y otra vez. Las palabras inscritas en el círculo, “La GRAN asamblea” (The BIG assembly), guardan una precisa relación de analogía astrológica con el planeta y el signo citados. No es casualidad, siquiera, que GRAN aparezca en mayúsculas, por dos motivos: porque Júpiter es el planeta más grande de nuestro Sistema Solar y porque uno de los efectos astrológicos de este planeta es agrandar o magnificar todo lo que toca, hacer un efecto lupa. Benedicto XVI estaba representando a su propio Júpiter en Piscis, que, además de ser la principal seña de identidad de su propia carta astral, está totalmente relacionado con el cristianismo, ya que este signo es bajo el que nació Jesús y sobre el que años más tarde, cuando renuncie en 2013, habrá una histórica súper conjunción astral. Que este acto se celebrase en 2010 tampoco sería casualidad, sino que añadía una connotación astrológico-mágica más, porque ese mismo año Júpiter había entrado en Aries (algo que solo ocurre una vez cada doce años aproximadamente), el símbolo solar del papa, iniciando así un nuevo ciclo zodiacal, una oportunidad de renacimiento, puesto que ese es el punto primaveral, en el que da comienzo no solo al ciclo zodiacal sino al ciclo vital de la naturaleza. Los cielos envían sus señales, pero los humanos siempre hemos tratado de captar sus benéficos influjos a través de símbolos y rituales ¿Podría interpretarse esto como un acto mágico para renovar las esperanzas evangelizadoras de Benedicto XVI? Que su renuncia se efectúe bajo una concentración astral (una mega conjunción, un stellium, como decimos los astrólogos) en el signo de Piscis como no ha habido otra en la historia tampoco puede ser casual. Las grandes conjunciones y concentraciones astrales siempre se tuvieron en cuenta como augurio de fin de ciclo y la esperanza de un nuevo inicio, de un nuevo ciclo. ¿Pero cuál es el motivo y sentido último de la renuncia de Benedicto XVI? A la luz de estos reveladores aspectos, se podría pensar que Benedicto XVI renuncia para aprovechar el portal de luz que la gran concentración astral en Piscis abre para el Cristianismo. Astrológicamente, esta concentración astral se puede interpretar como una señal de los cielos para declarar solemnemente que se abre una oportunidad para depurar o poner fin a los males que aquejan a la Iglesia Católica y, al mismo tiempo, empezar con fuerza un nuevo ciclo, con una fuerza renovada por la gran concentración astral que se está dando en el signo de Jesús y de la cristiandad. Benedicto XVI hace un sacrificio al renunciar para poder expiar los pecados y respetar esas señales del cielo que abren la oportunidad para un renacimiento. Y lo hace sabiendo que él es el vehículo más apropiado para hacerlo, porque él mismo tiene a Júpiter y Piscis en el Ascendente y porque el momento ha llegado, como anuncia esa gran concentración astral. 1.- La Infancia de Jesús, Benedicto XVI, 2012. Una gran parte de este libro muestra el interés de su autor en esclarecer quienes eran los Magos (es decir los astrólogos) que siguieron la estrella que señalaba el nacimiento de Jesús y por aclarar que no era una estrella, sino una conjunción de planetas en el signo de Piscis. Solo hace falta leer el capítulo IV, titulado Los Magos de Oriente. Podríamos decir que, en el fondo, es un tratado de historia de la Astrología. Es un tema que se ha expuesto muchas veces por parte de astrólogos, el primero de ellos, Kepler, pero también en la actualidad, como en los dos imprescindibles tomos de Investigaciones sobre Astrología, de Demetrio Santos. 2.- Llama la atención que, en esta última frase, está parafraseando al gran Galileo, que en su obra Il Saggiatore dejo escritas aquellas iluminadoras reflexiones: "La filosofía está escrita en este grandísimo libro que continuamente está abierto delante de nuestros ojos -me refiero al Universo-, pero no se puede entender si antes no estudiamos la lengua y los caracteres en los cuales está escrita.” Galileo fue condenado por el papa Urbano VIII -quien precisamente hizo un mal uso y abuso de la Astrología en beneficio de sus propios fines- y “perdonado” muchos siglos después por Juan Pablo II. 3.- Catecismo de la Iglesia Católica. Tercera parte, segunda sección, capítulo primero, artículo primero. 4.- History of Magic and Experimental Science, vol. 1, p. 547. Thorndike. 5.- Anuario Astrológico 2011, (sección Astromundial). Vicente Cassanya. Editorial América Ibérica. Aún puede adquirirse en papel o en versión electrónica mediante Kioskoymas y otras plataformas. 6.- En 1860, siendo papa Pío IX, el ejército del rey de Italia Victor Manuel II conquistó los Estados Pontificios, dejando a la Santa Sede solamente en posesión de Roma. En 1870 Victor Manuel tomó Roma y el papa fue hecho prisionero, poniendo fin a los Estados Pontificios. También había cuadratura Urano-Plutón.