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“1.- Sagrado, del latino sacer, (sak'r/za-k'r), proviene del substrato sahariano-mediterráneo, probablemente paleolítico, y significa “muy alto, elevado, celeste”, pudiendo traducirse también por “altura o montaña” (za-k'r = “gran altura”). Es difícil descubrir el significado que tiene para los distintos pueblos, a veces parece indicar sólo admiración, por su altura o tamaño, otras, veneración o respeto, y otras “santidad” espiritual en el sentido religioso. Por eso se nos escapa el significado, y únicamente quizá los fenómenos, mitos o leyendas vinculados a él pueden aclararlo. No podemos estudiar aquí todos los montes sagrados o santos a los que se atribuye alguna influencia espiritual, natural o añadida por la tradición, lo que excedería los límites de este trabajo; cada ejemplo debe analizarse directamente, indagando su historia, midiendo la intensidad y clase de influencia sobre el hombre o vivientes, sus condiciones climáticas, etc. Analizando los fenómenos del rayo y trueno, y lugar posible de tormentas, veremos que no todos los actuales montes sagrados o santos pueden haber sido un templum antiguo o lugar donde caía el rayo; muchos de ellos imitan otros auténticos como el Sinaí (84), y proliferan según la moda del momento, como sucede en los calvarios símbolo del de Jerusalén, en el Cristianismo. Los que debemos estudiar son los que producen fenómenos eléctricos, o señal de éstos. Quien haya experimentado una gran tempestad sabe la impresión que causa en el hombre o animales, y tanto más si se tiene como señal del poder divino; ello producido por esa misma carga eléctrica. Pero la montaña influye también por su altitud y consiguiente radiación, cromatismo, ionización etc.: una radiación intensa rompe moléculas y átomos (como en la radiación gamma) ionizándolos; éstas luego se pueden recomponer aleatoriamente, produciendo toxinas o substancias euforizantes o alucinógenas (drogas) y, por su condición molecular, afectando planos profundos. Así las “visiones” e imágenes extrañas ocurren donde hay radiación intensa o con determinado espectro (espejismos del desierto), y varían según distintos factores. Un ejemplo corriente es el euforia o “borrachera de montaña” producida al escalar altas cumbres. Por eso, como en el ejemplo de Moisés, algunas montañas hacen comunicar con lo divino, al alterar los planos más profundos, espirituales, del hombre. 2.- El monte sagrado natural ha de producir alguna sensación extraordinaria, influyendo en planos espirituales por ello. Una señal de su rareza es la caída allí del rayo, pero puede tener influencias de otro tipo que por su profundidad (espiritualidad) el hombre solamente puede intuir extrasensorialmente. Algunos montes sin tales propiedades también se han mitificado por su antigüedad y prestigio como observatorio, en las religiones astrales; después, al evolucionar éstas, mantienen su leyenda y mitos. Otras veces, incluso cumbres inaccesibles, sirven de referencia meteorológica, y se toman por morada divina, influyendo sólo racionalmente en quienes las contemplan, pero también, por su altura y lejanía, se incluyen como sagrados. 3.- Decir que una montaña o lugar cualquiera tienen algo notable no lo expresa todo, pues la influencia puede ser favorable o adversa: lo primero se atribuye a entes benéficos y lo segundo a demonios maléficos. Estos, generalmente, son una personalización del influjo, que realmente existe. Suele ocurrir, al cambiar el sistema religioso, que lugares “divinos” favorables de la religión antigua los toma la nueva como maléficos, ya que se resisten a ésta. El ejemplo más próximo, en el cristianismo, convirtió en demonios a los dáimones paganos cuando no pudo asimilarlos. Pero muy a menudo los antiguos dioses son asimilados simplemente, y convertidos a la nueva religión; es así cómo los santuarios de Júpiter, dios de las tormentas, se convierten en ermitas de San Sebastián o Santa Bárbara, santos cristianos asignados a ellas, y templos de Diana se convirtieron en santuarios de la Virgen María. Pero en cualquier caso, sea favorable o no, allí donde hay una anomalía de este tipo, hay que buscar los influjos que la producen. 4.- Porque si el lugar en sí produce fenómenos notables, lo que realmente cambia es la teoría explicativa del fenómeno, lo cual sucede también con teorías científicas: los fenómenos “ovni” se explican hoy con figuras de máquinas actuales, y antiguamente como imágenes humanizadas. El sensitivo aplica una forma de test Rorschach a sus planos profundos, y el científico hace lo mismo con sus propias imágenes y conceptos. Generalmente hay que tener una especial sensibilidad, o interpretar cuidadosamente observaciones de fenómenos comunes, a menudo inconscientes. La influencia eléctrica es intensa en algunas montañas porque las superficies equipotenciales son allí muy próximas entre sí, debido la forma o naturaleza del terreno; además, en el caso de antiguos cultos, la influencia eléctrica aumentaba sobre el oficiante porque estaba descalzo, en contacto directo con el suelo. También interviene la radiación (rayos ultravioleta, cromatismo, etc.) cuya intensidad crece rápidamente con la altura, lo que aumenta el metabolismo biológico y la acción química atmosférica; e incluso las “formas” del lugar influyen espiritualmente. 5.- A menudo la reacción orgánica pasa inadvertida si proviene de niveles profundos, porque se carece de coordenadas de referencia. Ocurre como en el vuelo en avión sin instrumentos: cuando éste toma una curva, cuando asciende o desciende, el piloto ha de tomar como referencia el horizonte, pues su propia orientación descansa en la fuerza de la gravedad y la centrífuga en su cuerpo, y éstas se hallan falseadas para los sentidos (oído interno, reacciones musculares gravitatorias, etc.). Si carecemos de esta experiencia o conocimiento, al ver inclinarse el horizonte sufrimos una alucinación elemental, ya que nuestros sentidos nos dicen otra cosa. Nuestras influencias sensoriales (incluidos otros sentidos, además de los corrientes) tienen una relación peculiar, constitucional para cada individuo, según su genética y experiencia. Por eso, cada sensitivo interpreta individualmente sus variaciones nerviosas, hormonales, etc. que percibe en determinado lugar; y cuando siente algo anómalo, lo expresa según su propia constitución e historia.” 84. ANTONIO BONET CORREA: Sacromontes y calvarios en España, Portugal y América Latina, Comune de Montaione, Pacini 1989. Referencia del libro: Demetrio Santos, El lenguaje de los truenos, Ediciones Montecasino. Zamora, 2003 |