LEÓN XIV, EL PAPA QUE MURIÓ ANTES DE EXISTIR La enfermedad del papa y el misterio de las "casualidades" El 26 de septiembre de 2026, el papa León XIV entró en la gruta de Massabielle, en Lourdes. Se acercó a la roca, la tocó con la mano, bebió agua del manantial y encendió una vela. Al día siguiente celebró misa entre miles de peregrinos, visitó a los enfermos y participó en la procesión nocturna de las antorchas. Dieciséis días después, el 13 de octubre, ingresó en el quirófano del hospital Gemelli de Roma para someterse a una operación para extirpar un cáncer de pulmón. Hasta aquí, los hechos. Pero el calendario parecía haber reservado un capítulo adicional repleto de “casualidades”, sincronicidades o caprichos de la historia, en los que se entremezclan profecías, una novela, una película de terror, los santuarios de Fátima y de Lourdes y los papas Juan Pablo II y León XIV. Podemos denominar como queramos a todas estas “coincidencias” que vamos a ver, pero no hay duda de que están más allá de la razón y de que producen asombro. Más aún, en tiempos tan significativos para la Iglesia al compás de la actual conjunción Saturno-Neptuno, como ya hemos comentado tantas veces. El 13 de octubre, fecha de la operación, se cumplían exactamente 109 años del llamado Milagro del Sol de Fátima, uno de los episodios más singulares de la historia religiosa contemporánea. Aún existe otra coincidencia histórica. El 13 de mayo de 1981, aniversario de la primera aparición de Fátima, Juan Pablo II sufrió el atentado que estuvo a punto de costarle la vida. El propio pontífice relacionó posteriormente su supervivencia con la protección de la Virgen. Dos días 13, dos fechas clave para el santuario y las profecías de Fátima… Pero hay mucho más, como veremos en esta Astromembresía. Estamos ante una historia que reúne dos santuarios marianos, dos papas enfrentados a la posibilidad de morir, dos fechas cargadas de simbolismo y una pregunta que atraviesa siglos de filosofía, religión y psicología: ¿pueden los acontecimientos independientes adquirir un significado cuando el “azar” los reúne? Lourdes: un papa que visita a los enfermos antes de conocer públicamente su propia enfermedad El viaje de León XIV a Francia, entre el 25 y el 28 de septiembre, incluía una visita a Lourdes. Aunque formaba parte de una agenda apostólica previamente organizada, ciertos detalles adquirirían una dimensión inesperada apenas dos semanas después. A su llegada, el papa realizó los gestos que han caracterizado durante generaciones a los peregrinos del santuario: tocar la roca de Massabielle, beber del manantial y ofrecer una vela. La Santa Sede documentó expresamente los tres momentos en su crónica del 26 de septiembre. Y allí mismo pronunció una oración cuya frase final empezó así: “Por último, Madre amantísima, te presentamos nuestras intenciones personales más urgentes, en particular las de las personas enfermas y las que sufren, así como las de todos los que las acompañan: han venido juntos hasta aquí para alcanzar fortaleza y curación de la fuente de Massabielle. Te confiamos a nuestros seres queridos y a nuestros difuntos. Aparta, te lo suplicamos, todos los obstáculos que todavía nos separan de tu Hijo amado y haz que Él reine en todos los corazones”. Apenas dieciséis días después, el hombre que había hablado sobre la vulnerabilidad humana debía ponerse en manos de otros: médicos, anestesistas, cirujanos y personal sanitario. La enfermedad no reconoce jerarquías. Pero hay una incógnita fundamental: ¿sabía ya que estaba enfermo cuando peregrinó a Lourdes? Se sabe que el nódulo pulmonar fue descubierto durante exploraciones médicas y que hubo pruebas diagnósticas anteriores a la intervención. La paradoja de Lourdes: su fundadora no fue curada Para comprender la profundidad cultural de este episodio, hay que viajar hasta el siglo XIX. El 11 de febrero de 1858, Bernadette Soubirous, una muchacha de catorce años perteneciente a una familia empobrecida, aseguró haber visto una figura femenina en la gruta de Massabielle. Sería la primera de dieciocho apariciones relatadas entre febrero y julio de aquel año. Francia vivía bajo el Segundo Imperio de Napoleón III. La Revolución Industrial estaba transformando las relaciones económicas y sociales, mientras la ciencia y la medicina adquirían una autoridad creciente. En ese contexto apareció una de las grandes paradojas de la modernidad religiosa: un santuario de curaciones que, lejos de desaparecer ante la medicina científica, terminaría desarrollando mecanismos específicos para someter las curaciones extraordinarias a examen médico. El 25 de febrero de 1858, durante la novena aparición, Bernadette descubrió el manantial que acabaría convirtiéndose en el centro material de las peregrinaciones. La Iglesia reconoció oficialmente las apariciones el 18 de enero de 1862, después de una investigación iniciada por el obispo de Tarbes. Pero existe un aspecto de aquella historia que pocas veces recibe la atención que merece. Bernadette, la joven cuya experiencia daría origen al santuario de las curaciones, padeció enfermedades durante buena parte de su vida. En 1855 había sufrido el cólera. Su salud se deterioró con los años y, desde 1875, pasó temporadas, cada vez más prolongadas, enferma. En 1878 estaba prácticamente postrada y murió en Nevers el 16 de abril de 1879, con tan solo 35 años. La institución que custodia su memoria conserva un relato de su vida en el que explica que deseaba trabajar como enfermera, pero terminó siendo ella quien necesitó cuidados. Es una ironía histórica de enorme fuerza. La protagonista del santuario de la curación no obtuvo para sí misma la salud que tantos peregrinos buscarían posteriormente en aquel lugar. Y es que los significados de santuarios como el de Lourdes no pueden reducirse a la promesa de vencer una enfermedad. El 13 de octubre de 1917: cuando miles de personas dijeron haber visto danzar al Sol Screenshot El segundo escenario de nuestra historia está en Portugal, a unos 1.100 kilómetros de Lourdes. En 1917 Europa atravesaba una de las mayores catástrofes de su historia. La Primera Guerra Mundial llevaba tres años devastando el continente. Portugal participaba en el conflicto y su joven república, proclamada en 1910, mantenía profundas tensiones con la Iglesia católica. En aquel ambiente de guerra, incertidumbre y confrontación religiosa, tres niños pastores, Lucía dos Santos y sus primos Francisco y Jacinta Marto, afirmaron haber visto a la Virgen en la Cova da Iria el 13 de mayo. Las apariciones se sucedieron durante los meses siguientes. Y llegó el 13 de octubre. La noticia de que los niños habían anunciado una señal extraordinaria reunió a una multitud estimada entre 50.000 y 70.000 personas, según la documentación histórica del propio santuario. Había llovido intensamente. El terreno estaba embarrado y numerosos asistentes llevaban horas esperando. Entonces, según múltiples testimonios, las nubes se abrieron y el Sol adquirió una apariencia inusual. Algunas personas aseguraron haber visto cómo giraba, cambiaba de color o parecía precipitarse hacia la Tierra. Entre los asistentes estaba Avelino de Almeida, periodista del diario republicano y anticlerical O Século. Su crónica, publicada el 15 de octubre, describió el asombro de la multitud y los aparentes movimientos del disco solar. El hecho de que el episodio quedara recogido por un periodista ajeno al entusiasmo religioso de los peregrinos contribuyó enormemente a su repercusión. El santuario conserva la referencia documental: O Século, 15 de octubre de 1917, reproducido en Documentação Crítica de Fátima, volumen III, página 241. ¿Qué llevó a decenas de miles de personas a reunirse en un campo portugués, en plena guerra mundial, esperando que el cielo respondiera a una promesa formulada por tres niños? Y precisamente el aniversario de aquel acontecimiento fue la fecha elegida para operar a León XIV. ¿Casualidad? La sorprendente historia del 13 de mayo: Juan Pablo II y la bala de Fátima El 13 de mayo de 1981, a las 17:19, Juan Pablo II recorría la plaza de San Pedro en su vehículo descubierto, saludando a los fieles. Mehmet Ali Ağca disparó contra él. El papa fue trasladado urgentemente al hospital Gemelli, donde sufrió una prolongada intervención quirúrgica. Su vida estuvo seriamente amenazada. La fecha coincidía con el aniversario de la primera aparición de Fátima, ocurrida el 13 de mayo de 1917. ¿Casualidad? Juan Pablo II otorgó a esa coincidencia una importancia religiosa extraordinaria. Llegó a interpretar su supervivencia como una intervención protectora de la Virgen de Fátima. El vínculo no quedó reducido a una reflexión privada. Una de las balas del atentado terminó incorporada a la corona de la imagen mariana venerada en el santuario portugués. Este hecho está documentado por los propios Museos Vaticanos y por la Santa Sede. Detengámonos en la potencia de esta imagen. Una bala, instrumento destinado a matar, acaba convertida en una pieza de orfebrería religiosa. El objeto no cambia de naturaleza material. Sigue siendo una bala. Pero su significado se transforma radicalmente. Donde antes había violencia, el pontífice quiso ver protección. Donde hubo una amenaza de muerte, quiso reconocer una oportunidad de continuar viviendo. El 13 de mayo de 2000, Juan Pablo II regresó a Fátima para la beatificación de Francisco y Jacinta. Poco después, el Vaticano publicó la tercera parte del llamado secreto de Fátima, acompañada de un comentario teológico del entonces cardenal Joseph Ratzinger. El documento abordaba una visión en la que aparecía un obispo vestido de blanco atravesando una ciudad devastada y siendo atacado. Su interpretación quedó vinculada a los sufrimientos de la Iglesia durante el siglo XX y al atentado contra Juan Pablo II. Ratzinger subrayó que aquel lenguaje pertenecía al ámbito de las imágenes simbólicas y no debía confundirse con una película anticipada del futuro. Por eso el precedente resulta tan importante. En 1981, un papa sufrió un atentado el aniversario de la primera aparición de Fátima. En 2026, otro papa fue operado de cáncer el aniversario de la última aparición y del llamado Milagro del Sol de Fátima. Y en lo que a nosotros principalmente nos atañe: En 1917, cuando se dan los supuestos milagros de Fátima había conjunción Saturno-Neptuno (algo que trato precisamente en el libro El Gran Desengaño). Ahora también. ¿Otra casualidad? El papa que murió en una película antes de existir En 2015, mientras Francisco ocupaba el trono de San Pedro, el guionista y director uruguayo Guillermo Amoedo escribía el libreto de una película de terror titulada El habitante. La película, presentada en el Festival de Sitges en 2017, narraba una historia de secretos familiares, posesiones demoníacas y exorcismos. Pero incluía un detalle aparentemente secundario que adquiriría una dimensión insospechada años después. En una escena, un informativo televisivo anunciaba la muerte del papa León XIV, que había permanecido hospitalizado y fallecido a consecuencia de una septicemia y un colapso cardiopulmonar irreversible. En aquel momento no existía ningún León XIV. El último pontífice que había llevado ese nombre era León XIII, fallecido en 1903, después de un pontificado de más de veinticinco años. El sucesor de Francisco todavía no había sido elegido y Robert Francis Prevost, por entonces obispo de Chiclayo, en Perú, ni siquiera era cardenal. Sin embargo, el 8 de mayo de 2025, el cardenal Prevost fue elegido papa y anunció que adoptaba precisamente el nombre de León XIV. Más de un año después, en octubre de 2026, aquel nombre ficticio regresó inesperadamente a la actualidad. El verdadero León XIV había tenido que ser hospitalizado para someterse a una operación por un tumor pulmonar. Naturalmente, hay diferencias fundamentales. El papa real no ha fallecido y la enfermedad descrita en la película no es la suya. Pero la coincidencia conserva tres elementos verificables: el nombre pontificio, la hospitalización y el hecho de que ambos aparezcan reunidos en una obra escrita diez años antes de la intervención. El director explicó que había elegido el nombre mientras redactaba el guion en 2015 y que se había documentado sobre antiguas profecías relacionadas con el papado, entre ellas las atribuidas a san Malaquías y a Hildegarda de Bingen. Y aquí aparece otro territorio cultural apasionante. Desde la Edad Media, el destino de los papas ha alimentado una considerable literatura profética. La célebre Profecía de los papas, atribuida a san Malaquías, consiste en una sucesión de 112 lemas latinos que supuestamente describen a los pontífices hasta el final de una determinada secuencia histórica. El texto se publicó por primera vez en 1595, en la obra Lignum vitae del benedictino Arnold Wion, más de cuatro siglos después de la muerte de Malaquías. Su autenticidad es muy cuestionada por los historiadores y suele considerarse una composición de finales del siglo XVI. Pero su influencia cultural ha sido enorme. Cada vez que muere un pontífice o se celebra un cónclave, aquellas enigmáticas frases reaparecen en los medios de comunicación. Y, sin embargo, el caso de El habitante presenta una peculiaridad: no estamos ante una profecía medieval reinterpretada después de los hechos, sino ante una obra audiovisual fechada, cuyo autor eligió deliberadamente un nombre que todavía no había sido utilizado por ningún Papa. Hay, además, otra curiosidad literaria. En 2024, el escritor español Bruno Moreno Ramos publicó Yo fui secretario de León XIV. Memorias de un futuro próximo, una novela que imaginaba el pontificado de un sacerdote español elegido papa en medio de una profunda crisis de la Iglesia. Un año después, apareció un León XIV de carne y hueso. Dos autores, separados por varios años y con propósitos narrativos diferentes, habían imaginado un pontífice que aún no existía. ¿Casualidades? Astromembresía · cassanya.com CLAVES ASTROLÓGICAS DE LA SEMANA Del 18 al 25 de octubre Este fin de semana tenemos Cuarto Creciente en Capricornio, y tal vez hayamos comprendido que madurar no consiste en dejar de sentir, sino en no entregar el timón a cada emoción; que elegir también significa renunciar, y que algunas puertas no se cierran contra nosotros, sino a nuestro favor. Una energía orientada a la responsabilidad, la organización y la reflexión sobre los objetivos personales. Es un momento simbólicamente apropiado para revisar compromisos, reconocer las obligaciones que se han asumido y distinguir entre aquello que realmente se desea construir y aquello que se mantiene por inercia. La tensión entre Venus y Plutón señala la importancia de revisar las dinámicas de poder en las relaciones. Pueden hacerse más evidentes ciertas necesidades de reconocimiento, seguridad o control. La intensidad emocional no debe confundirse necesariamente con una conexión profunda, del mismo modo que el temor a perder a alguien no siempre significa que ese vínculo sea adecuado. El viernes 23 se produce uno de los cambios más significativos de la semana: el Sol entra en Escorpio. Con este tránsito comienza una etapa asociada simbólicamente con la profundidad, la transformación, la intimidad y la búsqueda de la verdad. Escorpio invita a reconocer lo que permanece oculto, afrontar los temores y abandonar las formas de actuar que ya no responden a las necesidades actuales. El sábado 24 destaca especialmente por el comienzo de la retrogradación de Mercurio en Escorpio. Este movimiento se interpreta como una etapa de revisión de pensamientos, conversaciones, acuerdos y asuntos pendientes. Puede ser un buen momento para retomar cuestiones que quedaron sin resolver, revisar información y prestar atención a los matices de la comunicación. También invita a reflexionar antes de emitir juicios definitivos, especialmente cuando intervienen emociones intensas o situaciones delicadas. Además, destaca la conjunción inferior entre el Sol y Venus, que refuerza la relación entre identidad, afectos y valores personales. La pregunta central es si aquello que se desea coincide realmente con aquello que se necesita. En el terreno sentimental, esta combinación invita a revisar expectativas, reconocer sentimientos y comprender qué significa establecer una relación basada en la honestidad y la reciprocidad. En conjunto, la semana del 18 al 25 de octubre de 2026 puede interpretarse como un periodo de transición entre la búsqueda de equilibrio y la necesidad de profundizar. Las relaciones, la comunicación y las motivaciones personales ocupan un lugar destacado, mientras los movimientos de Venus y Mercurio invitan a revisar antes de concluir o decidir. La entrada del Sol en Escorpio intensifica simbólicamente el deseo de comprender lo que hay detrás de las apariencias y de transformar aquello que ha dejado de tener sentido. ¡Feliz semana!