VENUS RETROGRADA ENTRE ESCORPIO Y  LIBRA Tiempo para revisar la escala de valores  Este fin de semana Venus inicia su retrogradación en Escorpio. Permanecerá retrógrado hasta el 14 de noviembre y, durante ese recorrido, regresará temporalmente a Libra antes de volver nuevamente a Escorpio en diciembre. No es un movimiento raro. Venus retrograda aproximadamente cada diecinueve meses. Pero su ciclo posee una de las geometrías más fascinantes del sistema planetario y, desde la perspectiva astrológica, plantea periódicamente una cuestión esencial: ¿qué valoramos realmente? Porque Venus no se refiere únicamente al amor o a las relaciones personales. Su campo simbólico es mucho más amplio: aquello que apreciamos, aquello que deseamos, nuestros gustos, nuestra manera de disfrutar, nuestra relación con la belleza, el placer, el dinero, los intercambios y, en último término, nuestra propia escala de valores. De modo que estas semanas no deben entenderse como un periodo adverso, sino como una oportunidad extraordinaria para someter a revisión una pregunta aparentemente sencilla: ¿Sigue teniendo valor para mí aquello a lo que estoy dedicando mi vida? Este es el calendario a considerar si queremos trabajar estas energías tan poderosas: 3 de octubre de 2026: Venus inicia su retrogradación a 8° de Escorpio. 24 de octubre de 2026: Conjunción inferior entre Venus y el Sol a los 0° de Escorpio (Punto Estrella de Venus). 14 de noviembre de 2026: Venus retoma su movimiento directo. 15 de diciembre de 2026: Venus abandona definitivamente su zona de sombra retrógrada iniciada el pasado 31 de agosto. No obstante, las fechas exactas son orientativas, pero nunca se deben convertir en una obsesión, puesto que funcionan todas ellas desde varios días antes y después. Cuando un planeta está retrógrado, se interpreta como un período en el que la función simbólica de ese planeta se vuelve más interna, reflexiva y revisable. Por tanto, no debe confundirse planeta retrógrado como algo malo, sino como una oportunidad para mejorar. No significa literalmente que el planeta esté viajando hacia atrás: es un movimiento aparente visto desde la Tierra. Las retrogradaciones de Venus se producen aproximadamente cada año y medio, en diferentes signos, y suelen durar unos cuarenta días. Son etapas clave que nos ofrecen la oportunidad de revisar y poner al día todo lo relacionado con el arquetipo Venus: relaciones personales, amores, afectos, gustos (lo que nos gusta y lo que nos disgusta), bienestar, placer, disfrute de la vida, arte, paz, incluso cuestiones económicas. Pero hay dos asuntos que no podemos perder de vista, como son el cómo nos sentimos con nosotros mismos, cómo nos tratamos y la escala de valores. Venus no marcha hacia atrás: cambia nuestra perspectiva Naturalmente, Venus no invierte realmente su movimiento orbital. La retrogradación es un fenómeno aparente producido por las posiciones relativas de Venus, la Tierra y el Sol. Pero esa apariencia posee una importancia enorme desde nuestro punto de observación terrestre. Cuando Venus disminuye su velocidad aparente, se estaciona y comienza a retrogradar, la astrología interpreta que los asuntos representados por este planeta entran en una fase de revisión. Y esto conviene entenderlo bien. Venus retrógrado no significa necesariamente rupturas amorosas, problemas económicos ni regreso de antiguas parejas. Ese tipo de simplificaciones han empobrecido enormemente el significado de los ciclos planetarios. La cuestión es mucho más interesante. Durante unas semanas, algo que normalmente damos por supuesto puede dejar de parecernos tan evidente. Podemos descubrir que ya no nos gusta lo que antes nos gustaba, que algo que deseábamos ha perdido atractivo, que una relación necesita otras condiciones o que ciertas cosas por las que estábamos pagando un precio elevado ya no nos compensan. No necesariamente porque hayan cambiado las circunstancias. Quizá porque hemos cambiado nosotros. La sorprendente geometría de Venus Aquí aparece uno de los aspectos más hermosos de todo este ciclo. El periodo sinódico de Venus, es decir, el tiempo que transcurre hasta que Venus, la Tierra y el Sol vuelven a establecer una configuración semejante, es de aproximadamente 584 días. Cinco de esos ciclos equivalen aproximadamente a ocho años terrestres. Y, como consecuencia, las sucesivas conjunciones inferiores de Venus con el Sol van dibujando alrededor del zodíaco una figura aproximadamente pentagonal. Es lo que suele llamarse Estrella de Venus, Rosa de Venus o Pentagrama de Venus.  No es un pentagrama geométricamente perfecto, pero la aproximación es suficientemente notable como para haber despertado desde hace tiempo la fascinación de astrónomos, astrólogos, esotéricos y estudiosos de los ciclos. Hay algo especialmente sugerente en ello: Venus vuelve aproximadamente cada ocho años a una región semejante del zodíaco. Eso nos ofrece una posibilidad extraordinaria de observación personal. Retrocedamos mentalmente hasta el otoño de 2018. Venus también retrogradó entonces entre Escorpio y Libra. Por supuesto, no significa que 2026 vaya a repetir los acontecimientos de 2018. Pero sí podemos hacernos algunas preguntas: ¿Qué deseábamos entonces? ¿Cómo eran nuestras relaciones? ¿Qué considerábamos importante? ¿Dónde estaba nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestra atención? ¿Qué cosas nos fascinaban y hoy nos resultan indiferentes? ¿Y qué hemos descubierto, ocho años después, que posee un valor mucho mayor del que entonces le atribuíamos? Ahí empieza a aparecer la verdadera utilidad de los ciclos. Diapositiva perteneciente a la Clase Magistral sobre La Estrella de Venus en escuela.cassanya.com La desaparición de Venus Hay además otro fenómeno muy interesante e ilustrativo: Durante este ciclo, Venus deja progresivamente de ser visible como Estrella de la Tarde, se aproxima angularmente al Sol, desaparece durante un tiempo de nuestra vista y posteriormente reaparece como Estrella de la Mañana. No estamos únicamente ante una retrogradación, sino contemplando una transformación de Venus en el cielo. La misma luz que contemplábamos después del ocaso terminará apareciendo antes del amanecer. Y justo en medio de esa transformación se produce la conjunción inferior entre Venus y el Sol, uno de los puntos fundamentales del ciclo sinódico venusino y una de las puntas de la llamada Estrella de Venus. En este ciclo tiene lugar en los primeros grados de Escorpio, alrededor del 24 de octubre de 2026. Simbólicamente, esto permite formular la retrogradación desde una perspectiva mucho más rica: ¿Qué deseo está perdiendo fuerza y qué nueva forma de desear está intentando nacer? Porque a veces creemos que necesitamos conseguir aquello que deseamos. Y otras veces el verdadero cambio consiste en dejar de desearlo. Inanna: la diosa que tuvo que desprenderse de sus atributos Aquí entra uno de los mitos más antiguos y fascinantes relacionados con Venus. En la tradición mesopotámica, Inanna, posteriormente identificada con Ishtar, estaba estrechamente vinculada al planeta Venus. No se trata de una correspondencia astrológica moderna proyectada retrospectivamente. La asociación pertenece al propio mundo religioso y astral de Mesopotamia. Uno de sus relatos más importantes es El descenso de Inanna al inframundo. Inanna decide penetrar en el Kur, el mundo inferior gobernado por su hermana Ereshkigal. Para llegar hasta allí debe atravesar siete puertas. En cada una de ellas se le obliga a abandonar una insignia de su poder: Corona, joyas, ornamentos, vestiduras… Una tras otra, desaparecen las señales externas de su condición. Cuando finalmente llega ante Ereshkigal, aquella gran diosa que había iniciado el descenso cargada de atributos se encuentra desnuda y desposeída. Inanna pasar por un proceso de muerte y renacimientos. El relato sumerio pertenece a un contexto religioso muy diferente del nuestro y conviene no convertirlo ingenuamente en un tratado de psicología contemporánea. Pero como imagen simbólica posee una fuerza extraordinaria, porque plantea una pregunta inquietante: ¿Quién soy cuando desaparecen las cosas mediante las cuales me reconozco? ¿Qué queda cuando se retiran un título, una relación, una posición económica, una admiración, una apariencia, una pertenencia o aquello con lo que nos hemos identificado? Quizá ahí reside una de las analogías más fértiles entre el descenso de Inanna y el ciclo de Venus. No como equivalencia histórica exacta, sino como imagen del despojamiento. Aquí hay una conexión histórica mucho más fuerte de lo que parece: Inanna estaba efectivamente vinculada al planeta Venus. La relación no es una asociación astrológica moderna inventada retrospectivamente. En la tradición mesopotámica, Inanna/Ishtar está estrechamente relacionada con Venus, y precisamente las apariciones matutina y vespertina del planeta forman parte de su compleja imaginería. La equivalencia técnica entre la narrativa mítica sumeria y la mecánica planetaria se estructura de la siguiente manera: Descenso por las 7 puertas: Fase de desaceleración y pérdida progresiva de brillo de Venus como Estrella de la Tarde. Representa la desarticulación de las defensas del ego y el despojo de los roles sociales prefabricados. Muerte (3 días/noches): Período de invisibilidad del planeta durante la Conjunción Inferior. Simboliza la inmersión total en la sombra psíquica para afrontarla y elevarla a la conciencia. Resurrección y ascenso: Reaparición de Venus en el horizonte oriental como Estrella de la Mañana. Encarna la restitución del poder personal desprovisto de ilusiones narcisistas y deseos inapropiados. Escorpio: aquello que tememos perder Y en esta ocasión la conjunción Sol-Venus se produce precisamente en Escorpio. Por eso la revisión venusina adquiere una tonalidad especial. Escorpio lleva los asuntos hacia zonas donde existen intensidad, apego, intercambio, pérdida, poder, intimidad y transformación. De ahí que durante este ciclo puedan resultar particularmente interesantes algunas preguntas sobre nuestros vínculos. ¿Confundimos intimidad con posesión? ¿Necesitamos saber constantemente qué hace o siente la otra persona? ¿Intentamos evitar la incertidumbre ejerciendo control? ¿Nos protegemos de nuestra vulnerabilidad mediante distancia, secretismo o pruebas? ¿Consideramos que cuanto más intensa es una relación más profunda debe ser? ¿Conservamos antiguas heridas porque renunciar a ellas significaría perder alguna forma de poder? ¿Nos atrae especialmente aquello que contiene riesgo, secreto o prohibición? ¿Nos aferramos a algo precisamente porque sabemos que podemos perderlo? Pero Escorpio no habla únicamente de pareja. También habla de lo que intercambiamos con los demás: Dinero, recursos, dependencias, confidencias, sexualidad, tiempo, información, lealtades, poder... Y aquí podemos descubrir algo incómodo: a veces decimos que queremos una cosa cuando, en realidad, estamos intentando evitar otra. La cuestión fundamental: ¿qué tiene valor? Esta quizá sea la pregunta central de toda esta Astromembresía. Venus no pregunta solamente: ¿A quién amas? Pregunta también: ¿Qué merece tu tiempo? ¿Qué merece tu atención? ¿En qué estás dispuesto a gastar tu dinero? ¿Qué estás dispuesto a proteger? ¿Qué deseas conservar? ¿Qué precio estás pagando por ello? Todos tenemos una escala de valores, aunque rara vez la hayamos escrito. Y además existe una diferencia muy interesante entre los valores que proclamamos y los valores que practicamos. Podemos afirmar que nuestra familia es lo más importante y apenas dedicarle tiempo. Podemos decir que valoramos nuestra salud y mantener hábitos que la deterioran. Podemos asegurar que deseamos libertad mientras construimos una vida llena de dependencias. Podemos hablar de belleza y vivir rodeados de cosas que no nos gustan. Podemos decir que el dinero no importa mientras nuestras decisiones giran continuamente alrededor de él. Por eso hay una forma bastante sencilla de descubrir nuestra auténtica escala de valores: observar dónde van nuestro tiempo, nuestra atención y nuestros recursos. Ahí suele encontrarse una verdad bastante más fiable que en nuestras declaraciones. Y una retrogradación de Venus es un buen momento para comprobar si existe concordancia entre ambas cosas. De la sombra a la integración Hablar de Escorpio únicamente desde los celos, la posesión o el miedo sería tan limitado como hablar de Venus únicamente desde el romanticismo. Todo arquetipo posee posibilidades de desarrollo mucho más amplias. Cuando estas energías encuentran una expresión consciente pueden aparecer cualidades extraordinariamente valiosas. La capacidad de establecer vínculos profundos sin poseer al otro. La lealtad cuando realmente existe confianza. La valentía para hablar de aquello que normalmente se oculta. La capacidad para atravesar una pérdida sin quedar fijado eternamente a ella. La facultad de transformar una experiencia dolorosa en conocimiento. La percepción de aquello que permanece implícito dentro de una relación. La posibilidad de vivir el deseo con intensidad sin convertirlo en dominio. Y quizá una de las más importantes: aceptar que todo vínculo vivo cambia, que todo está sometido a ciclos cósmicos y, por tanto, temporales. No todas las relaciones deben durar para siempre. Ni todas deben terminar. Algunas necesitan transformarse. Otras necesitan recuperar algo que habían perdido. Y otras simplemente han cumplido su función. La cuestión no consiste en conservar a toda costa. Consiste en reconocer qué merece ser conservado. Renacer a la luz Aquí volvemos finalmente a Inanna. Lo verdaderamente interesante del mito no es únicamente que la diosa descienda. Es que regresa. Y tampoco Venus permanece invisible. Tras aproximarse al Sol, reaparece. La Estrella de la Tarde se convierte en Estrella de la Mañana. Hay desaparición, pero también retorno. Por eso quizá la mejor manera de trabajar este ciclo no sea preguntarnos únicamente qué está fallando en nuestras relaciones o qué deberíamos abandonar. Las preguntas pueden ser otras: ¿Qué merece recuperar valor en mi vida? ¿Qué estoy valorando demasiado? ¿Qué estoy valorando demasiado poco? ¿Qué deseo pertenece todavía a quien fui hace ocho años? ¿Qué nuevas preferencias están apareciendo? ¿Qué relación conmigo mismo necesita cambiar? ¿En qué estoy gastando una energía que podría dirigirse hacia algo mucho más valioso? Y especialmente: ¿qué seguirá teniendo valor cuando termine este proceso? Naturalmente, para conocer cómo actúa este ciclo de manera concreta hay que llevarlo a cada carta natal: comprobar qué sector atraviesa Venus, qué puntos toca y cuál es la situación del propio Venus natal. Los tránsitos nunca operan en el vacío, sino sobre una estructura natal determinada. Pero incluso sin entrar todavía en ese nivel individual, esta retrogradación ofrece una posibilidad extraordinariamente sencilla: Observar, comparar, descartar, recuperar. Y elegir. Porque quizá revisar nuestros valores no consista en elaborar una nueva lista de principios. Puede consistir simplemente en descubrir qué sigue pareciéndonos valioso después de haber descendido un poco más profundamente dentro de nosotros mismos. Porque, ¿qué ocurre cuando no se está dispuesto a trabajar estos ciclos de retrogradación, cuando se pretenden ignorar las sombras? Entonces sí, en esas etapas de retrogradación Venus puede poner el dedo en la llaga de uniones o vínculos ficticios, interesados, etc., en forma de fisuras, grandes lecciones, desengaños, etc. Esta dinámica no pertenece únicamente al ámbito privado. Venus también simboliza pactos, alianzas, acuerdos, conveniencias e intercambios. Por eso, en el plano colectivo, una retrogradación puede coincidir con momentos en que determinadas alianzas revelan sus fisuras, obligan a renegociar condiciones o dejan al descubierto que la reciprocidad era más frágil de lo que parecía. El reciente deterioro de la relación entre el PSOE y Junts puede leerse, desde esta perspectiva astrológica, como un ejemplo contemporáneo de revisión de un pacto sostenido por equilibrios delicados. Inanna no volvió del inframundo exactamente igual que había entrado. Venus tampoco reaparece bajo la misma condición celeste. Tal vez nosotros tampoco tengamos por qué hacerlo. Y ahora te toca a ti ponerte a trabajar con este ciclo hasta salir a la luz tras haber renacido de entre las sombras CLAVES ASTROLÓGICAS DE LA SEMANA Del 4 al 11 de octubre La oposición del Sol con Saturno, entre Libra y Aries, y la Luna Nueva en Libra del día 10 son los aspectos más importantes de esta semana. Eso, unido a la retrogradación de Venus, ya en marcha y que tratamos precisamente en la Astromembresía actual, pone un enorme énfasis en las relaciones personales, donde habrá mucho en juego. La oposición Sol-Saturno pone frente a frente dos necesidades: Sol en Libra: “Quiero armonía, cooperación, equilibrio, que las cosas funcionen entre nosotros.” Saturno en Aries: “Pero ¿y tú? ¿Qué quieres tú? ¿Qué límite necesitas poner? ¿Qué responsabilidad es solamente tuya?” Por eso puede sentirse como un día de fricción entre el deseo de mantener la paz y la necesidad de asumir una posición propia. Astrológicamente, se asocia con sensación de bloqueo, responsabilidades, dudas sobre uno mismo, límites y una especie de “examen de realidad”. La Luna en Libra, por su parte, puede puede sentirse como: “¿Qué quiero yo realmente y qué estoy manteniendo solamente para conservar la paz?” Algo que está muy en sintonía con Venus retrogradando, pero que, precisamente por ello, y por ser una conjunción Sol-Luna, apunta a días cruciales para las relaciones personales en todos los ámbitos, especialmente en las que suponen un compromiso mayor, como las de pareja, socios, confrontar enemigos, etc. Unos días que pueden marcar un antes y un después. ¡Feliz semana!

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