VÍDEO DE SEPTIEMBRE EL GRAN INCENDIO DE LONDRES Anticipado por los astros y por un número maldito Ocurrió exactamente hace 360 años (número tan redondo como grados del círculo zodiacal, dato anecdótico, pero muy llamativo para nosotros). Poco después de la medianoche del domingo 2 de septiembre de 1666, comenzó a arder la panadería de Thomas Farriner, situada en Pudding Lane, muy cerca del Támesis. Nadie podía imaginar que aquel fuego acabaría devorando durante varios días buena parte de la City medieval. Pero el viento del este, después de un verano extraordinariamente seco, hizo el resto. Ardieron unas 13.200 viviendas, decenas de iglesias, edificios públicos, almacenes, calles enteras y la vieja catedral de San Pablo. Una parte enorme del corazón económico de Londres quedó convertida en escombros. Pero el Gran Incendio de Londres tiene una segunda historia realmente interesante para nosotros, porque durante años se había anunciado que algo terrible ocurriría en Londres. Astrological birth chart for William Lilly Los astrólogos habían publicado pronósticos inquietantes. William Lilly había dibujado una ciudad en llamas quince años antes. Richard Edlyn había hablado expresamente de una gran destrucción por fuego que afectaría a Londres hasta finales de 1666. Y cuando finalmente la ciudad ardió, la predicción de Lilly pareció tan extraordinaria que el Parlamento decidió interrogarlo. Detrás de esta historia hay algo mucho mayor que una curiosa coincidencia astrológica. El Londres de 1666 se encontraba justo en la frontera entre dos mundos: el de los augurios, las profecías y los cielos interpretados como mensajes, y el de la ciencia experimental que estaban construyendo Robert Hooke, Christopher Wren y la recién creada Royal Society. Y precisamente de las llamas surgiría un monumento que sintetizaría extraordinariamente ambos mundos. 1666: EL AÑO QUE YA DABA MIEDO ANTES DE EMPEZAR Para comprender aquel incendio debemos entrar durante unos minutos en la mentalidad del siglo XVII. Londres acababa de atravesar una de las mayores epidemias de su historia. La Gran Peste de 1665 había causado decenas de miles de muertes. A finales de aquel mismo año habían aparecido cometas que fueron observados, discutidos y analizados por astrólogos y naturalistas. Inglaterra estaba además en guerra con los Países Bajos y Francia. A todo aquello se añadía un número difícil de ignorar: 1666. El Apocalipsis de san Juan identifica el 666 como el número de la Bestia. Para una sociedad profundamente religiosa y acostumbrada a interpretar guerras, eclipses, cometas y epidemias dentro de grandes narraciones providenciales, la combinación resultaba explosiva. El astrólogo John Booker llegó a referirse a 1666 como un número “apocalíptico y misterioso”. Circulaban sermones, profecías y almanaques anunciando calamidades. Pero debemos evitar imaginar a cuatro supersticiosos leyendo hojas clandestinas. Los almanaques astrológicos eran un auténtico medio de comunicación de masas. Un reciente estudio publicado en Past & Present calcula que, en el punto máximo de popularidad durante la década de 1660, se vendían en Inglaterra entre 350.000 y 400.000 ejemplares anuales, más que cualquier otro género editorial. La astrología formaba parte de la conversación pública sobre epidemias, agricultura, política, guerras y acontecimientos colectivos. El incendio, por tanto, no cayó sobre una ciudad psicológicamente neutra, sino sobre una ciudad que llevaba meses, incluso años, interpretando ciertas señales. UNA CIUDAD PREPARADA PARA ARDER El incendio comenzó en una panadería, pero reducir la explicación a una chispa sería confundir el detonante con las causas profundas. Londres había tenido un verano extremadamente seco. Gran parte de las construcciones seguían utilizando madera. Las casas estaban apiñadas en calles estrechas y muchas sobresalían sobre las plantas inferiores. Cerca del Támesis se acumulaban almacenes llenos de aceite, sebo, brea, carbón, madera y mercancías inflamables. No existía un cuerpo profesional de bomberos. Se disponía fundamentalmente de cubos, ganchos, pequeñas bombas de agua y una técnica bastante brutal pero eficaz: derribar edificios para abrir cortafuegos. Aquella noche se tardó demasiado en hacerlo. El fuego encontró además un fuerte viento oriental. Cuando llegó a los almacenes próximos al río adquirió una energía formidable. La ciudad no había sufrido grandes incendios comparables durante varios siglos. Lo que había cambiado era, entre otras cosas, la enorme expansión del comercio marítimo y la creciente concentración de mercancías altamente combustibles junto al río. La vulnerabilidad había aumentado antes de que la sociedad comprendiera plenamente que había aumentado. Es una de las grandes constantes de la historia: muchas catástrofes no empiezan cuando sucede el accidente. Empiezan años antes, cuando una sociedad construye lentamente las condiciones que permitirán que un accidente se vuelva catastrófico. Es lo mismo que ocurre cuando queremos interpretar tránsitos o configuraciones de los lentos esperando el momento de la exactitud, cuando en realidad las verdaderas causas empiezan mucho antes. En otras ocasiones, están sucediendo en esa etapa, pero sus influjos se muestran años después. WILLIAM LILLY: EL ASTRÓLOGO QUE TUVO QUE EXPLICAR SU PROFECÍA Aquí comienza la parte verdaderamente extraordinaria. En 1651, quince años antes del incendio, William Lilly publicó Monarchy or No Monarchy in England. Lilly no era un astrólogo marginal, sino el astrólogo inglés más célebre del siglo XVII, autor de la monumental Christian Astrology y personaje suficientemente influyente como para relacionarse con políticos, militares e intelectuales durante la Guerra Civil inglesa. Al final de Monarchy or No Monarchy incluyó una serie de misteriosos grabados o “jeroglíficos” destinados a representar acontecimientos futuros. Uno mostraba personas amortajadas, ataúdes y fosas. Después de la Gran Peste de 1665 aquello pareció profético. Pero el siguiente resultó todavía más inquietante: Una gran ciudad aparecía envuelta en llamas. Y en otra imagen aparecían unos gemelos relacionados con el fuego. El detalle no era inocente: Géminis estaba tradicionalmente asociado a Londres dentro de la geografía astrológica de la época. Cuando Londres ardió en 1666, algunos parlamentarios recordaron inmediatamente aquellas imágenes. El 25 de octubre de 1666, William Lilly compareció ante el comité parlamentario encargado de investigar las causas del incendio. La sospecha contenía una lógica peculiar: si aquel hombre había representado el incendio tantos años antes, tal vez sabía algo más que los demás. Lilly explicó que sus imágenes procedían de técnicas de astrología profética y que nunca había conocido la fecha exacta del acontecimiento. Finalmente fue liberado. En su autobiografía recordaría posteriormente que aquella imagen había representado efectivamente “una gran ciudad toda en llamas”. Conviene, sin embargo, no fabricar retroactivamente un milagro. Las imágenes de Lilly eran deliberadamente enigmáticas y durante el siglo XVII circularon numerosas profecías sobre incendios y destrucciones. El propio London Museum advierte de que existieron muchas predicciones de este tipo. Pero el caso resulta extraordinario por otra razón: demuestra hasta qué punto una predicción astrológica podía llegar a adquirir relevancia política real. Tanta, que su autor tuvo que explicarla ante el Parlamento. RICHARD EDLYN: LA PREDICCIÓN TODAVÍA MÁS INCÓMODA Y MUCHO MÁS PRECISA Y aquí la historia mejora, llegando al grado de asombro. Porque Lilly ni siquiera hizo la predicción astrológica más precisa. En 1664, el astrólogo Richard Edlyn publicó Prae-Nuncius Sydereus, un tratado dedicado a interpretar la gran conjunción de Saturno y Júpiter de 1663 en Sagitario y otras configuraciones celestes. Edlyn estudió anteriores epidemias y configuraciones planetarias intentando establecer patrones históricos. A partir de ellos anunció que Londres tenía motivos para temer una gravísima epidemia antes de terminar 1665. La Gran Peste llegó efectivamente aquel año. Pero Edlyn añadió algo más: su análisis indicaba también que en Londres se produciría una “gran destrucción por fuego” que continuaría hasta finales de 1666. La referencia aparece en la página 72 de su tratado y ha sido destacada recientemente por el historiador de la ciencia Imogen Peck en un estudio académico sobre astrología y epidemias en la Inglaterra moderna. Esto merece atención. No porque debamos convertir automáticamente cada acierto antiguo en una prueba definitiva de la astrología, sino precisamente porque permite estudiar cómo trabajaban realmente los astrólogos del siglo XVII. Edlyn no contemplaba simplemente una carta individual. Comparaba ciclos, conjunciones planetarias, epidemias anteriores, observaciones históricas y fenómenos celestes. Era, en cierto modo, Astromundial. Su método partía de una idea esencial: comparar la historia con los ciclos del cielo para encontrar recurrencias. Más interesante todavía resulta comprobar que aquella astrología convivía con los primeros intentos de cuantificar estadísticamente epidemias y mortalidad. Astrología, matemáticas, medicina y lo que posteriormente llamaríamos epidemiología todavía no ocupaban compartimentos tan separados. LECCIONES Y MORALEJAS ASTROLÓGICAS Aquí aparece otra pieza interesante para nosotros y nos advierte de ser cuidadosos cuando queremos estudiar temas de Astromundial o históricos. La historia afirma que el Gran Incendio comenzó el 2 de septiembre de 1666. Pero Inglaterra todavía utilizaba el calendario juliano. El calendario gregoriano había sido introducido en numerosos países europeos desde 1582, pero Gran Bretaña no lo adoptaría hasta 1752. Por tanto, el 2 de septiembre de 1666 en Londres era el 12 de septiembre de 1666 según el calendario gregoriano. Lo sabemos incluso gracias a documentos contemporáneos. Una hoja informativa neerlandesa describió el incendio como ocurrido entre el 12 y el 16 de septiembre, porque los Países Bajos utilizaban ya el calendario gregoriano. Los National Archives británicos explican expresamente esta diferencia. Esto tiene consecuencias astrológicas enormes. Algunas bases de datos modernas introducen simplemente “2 septiembre 1666” en un programa que calcula automáticamente esa fecha según calendario gregoriano. De ese modo obtienen, por ejemplo, un Sol alrededor de 9 grados de Virgo. Pero ese cielo corresponde a diez días antes del incendio real. Esto nos advierte sobre prestar especial atención cuando estudiamos temas del pasado o de Astromundial y ser muy cuidadosos con los datos que manejamos. Por otra parte, como ocurre con frecuencia cuando tratamos temas de Astromundial, no hay una configuración única que “justifique” lo que pasa, sino un cúmulo de circunstancias Son muchas las razones por las que el Gran Incendio de Londres resulta tan fascinante desde la Astrología. No porque podamos señalar una configuración planetaria y declarar resuelto el misterio. La historia es bastante más rica: tenemos una gran conjunción Saturno-Júpiter estudiada por los astrólogos de la época; cometas interpretados como señales colectivas; una cultura donde los almanaques astrológicos alcanzaban cientos de miles de lectores; a William Lilly dibujando una ciudad en llamas quince años antes y compareciendo después ante el Parlamento; a Richard Edlyn anunciando específicamente destrucción por fuego en Londres antes de terminar 1666; una tradición que atribuía Géminis a Londres. Pero quizá la enseñanza mayor esté en otra parte. Los grandes acontecimientos históricos nunca poseen una sola dimensión. Existe el acontecimiento material: una panadería, madera seca, viento, mercancías inflamables; el acontecimiento político: guerra, propaganda, culpables y conspiraciones; el acontecimiento psicológico: miedo colectivo y necesidad de encontrar significado; el acontecimiento simbólico: 1666, profecías, cometas y expectativas apocalípticas. Y existe finalmente el acontecimiento histórico profundo: una ciudad medieval que arde mientras alrededor de sus ruinas comienza a construirse la ciudad científica y moderna. Sin embargo, y a pesar de todo, la realidad es que ninguna configuración astrológica podría ser suficiente para anticipar ese incendio, ni siquiera las conjunciones Júpiter-Saturno que se estaban dando en la triplicidad de Fuego en aquellos siglos. Y, para más señas, todo ocurrió bajo un trígono Urano-Plutón como el actual, pero ocupando los signos invertidos (Plutón en Géminis y Urano en Acuario), curiosamente (aunque estos planetas aún no habían sido descubiertos). Y también bajo una conjunción Saturno Neptuno como hay en la actualidad. Una advertencia o lección más de Astromundial para quienes siempre interpretan los aspectos armónicos en tono positivo, sin ser conscientes de que simplemente son energías arquetípicas que se combinan. Y, desde luego, Urano-Plutón reconfiguran el mundo -como está ocurriendo en la actualidad- de una manera un tanto salvaje. LA CIUDAD QUE RESURGIÓ DE SUS CENIZAS Otro dato curioso: Plutón transitaba por Géminis, signo, como ya hemos dicho, atribuido a Londres, que tuvo su catarsis de Ave Fénix, devorada por las llamas para renacer más fuerte que nunca. El influyente arquitecto Christopher Wren aprovechó el incendio para reconstruir Londres desde cero siguiendo un maravilloso plan racional, presentando un proyecto grandioso de avenidas, plazas y nuevos ejes urbanos. Pero apenas pudo realizarse porque los propietarios querían reconstruir sobre sus antiguas parcelas y modificar radicalmente la trama urbana habría exigido resolver miles de derechos de propiedad. Por eso muchas calles actuales siguen recorriendo aproximadamente los mismos lugares que antes del incendio. Sin embargo, Londres sí cambió. Las nuevas normas urbanísticas impulsaron el uso del ladrillo y la piedra, limitaron determinados materiales y ensancharon algunas calles. Wren acabaría diseñando decenas de iglesias y, sobre todo, la nueva catedral de San Pablo. Y junto a Robert Hooke diseñó algo todavía más simbólico: The Monument. Una columna dórica de 202 pies de altura situada exactamente a 202 pies del lugar donde comenzó el incendio. En su cima colocaron una enorme llama dorada, como si estuvieran rindiendo honores al Ave Fénix quizá sin saberlo. Pero aquí aparece el detalle extraordinario. Hooke y Wren concibieron también la columna como instrumento científico. Su interior podía funcionar como un gigantesco telescopio cenital conectado con una pequeña sala subterránea y servir igualmente para experimentos sobre gravedad y péndulos. El proyecto astronómico no funcionó bien debido, entre otros motivos, a las vibraciones producidas por el tráfico de la ciudad. La misma columna, que se puede visitar en la actualidad, era al mismo tiempo memorial, llama, observatorio y laboratorio. CLAVES ASTROLÓGICAS DE LA SEMANA Del 30 de agosto al 6 de septiembre Dos aspectos sobresalen esta semana, ambos importantes y a tener en consideración Trígono Júpiter-Saturno Cuadratura Marte-Saturno. Los influjos del primero se extienden meses y pueden generar una nueva dinámica en la Unión Europea. Los influjos del segundo duran semanas, antes y después, como siempre. Júpiter trígono Saturno es un aspecto importante para Astromundial, pero también conviene mirar dónde nos cae en la carta astral para ver qué puntos nos activa y no pide construir una nueva arquitectura. Recordemos que Júpiter anda por Leo y Saturno por Aries. Una combinación muy bonita: Júpiter = expansión Saturno = estructura Es decir: crecer, pero con fundamento, lo que puede favorecer consolidar un proyecto, tomar decisiones profesionales maduras, convertir una idea en un plan; hacer compromisos a largo plazo; ordenar las finanzas; construir algo que no dependa solamente de entusiasmo. Por otra parte, ojo con la cuadratura Marte-Saturno, que representa posibles frenos o limitaciones a la acción, lo que puede acabar en frustraciones, siempre que no se canalice bien. Es momento de actuar con disciplina y paciencia. Marte representa impulso, deseo, iniciativa, sexualidad, competitividad y capacidad de actuar. Saturno representa restricción, responsabilidad, estructura, paciencia, autoridad y consecuencias. Puede manifestarse como frustración, retrasos, cansancio, enfrentamientos con figuras de autoridad o la necesidad de hacer un esfuerzo mucho mayor para conseguir algo. Pero también tiene un lado constructivo: obliga a dosificar la energía y actuar con estrategia. En relaciones puede aumentar la irritabilidad y la sensación de distancia o bloqueo. Conviene evitar convertir una frustración puntual en una batalla de poder. En decisiones, no es una energía de “abandono porque es difícil”, pero tampoco de “fuerzo hasta romperme”. La clave está en distinguir entre un obstáculo temporal y una puerta que realmente está cerrada. ¡Feliz semana!

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