EL ARTE DE FLUIR Disfrutar de la propia superación personal En estos meses marcados por la reciente entrada de Júpiter en Leo, su oposición con Plutón en Acuario, la entrada de los Nodos Lunares a este mismo eje y el próximo Eclipse Total de Sol del 12 de agosto, hay temas que debemos tener muy en cuenta, muy alineados con todas estas configuraciones, algunas de las cuales ya hemos desarrollado en semanas anteriores desde el punto de vista astrológico. Y como una de las cuestiones fundamentales que se dilucidan con estas astralidades es la felicidad, la creatividad, el fluir y el desarrollar nuestras habilidades, pues aquí tenemos este tema, totalmente alineado con la cuestión. Por tanto, no estaría de más, al terminar de leerlo que mires también qué implica este eje en tu carta astral, porque ahí puedes obtener más pistas de cómo aplicar todos estos conocimientos. Yo leí este libro que hoy traigo aquí en cuanto se publicó en los años 90 y me inspiró a ser más creativo. En casa está totalmente subrayado. Espero que os ayude en cualquier sentido. Todos hemos conocido alguna vez ese estado singular en el que la actividad parece realizarse a través de nosotros. El músico deja de pensar en sus dedos; el escritor pierde conciencia de la habitación; el deportista no calcula cada movimiento; el lector levanta la vista y descubre que han pasado dos horas. La voluntad sigue actuando, pero ya no se percibe como esfuerzo. El tiempo altera su velocidad. Desaparece la conversación interior. Por un momento, dejamos de observarnos vivir y simplemente vivimos. Mihály Csíkszentmihályi llamó flow, flujo o fluir, a esa experiencia de absorción total. Sin embargo, el éxito de la palabra ha terminado por deformarla. Fluir se ha convertido en una invitación a no resistirse, aceptar cuanto ocurra y navegar la vida con una sonrisa acuática. Pero el concepto original afirma casi lo contrario: no se fluye porque desaparezca la dificultad, sino porque encontramos una dificultad digna de nuestras capacidades. Flow (fluir) se convirtió en vocablo popular Sin embargo, Fluir no es un libro sobre la comodidad, sino sobre la realización al desarrollar nuestra creatividad y habilidades Un caso de serendipia El apellido Csíkszentmihályi parece una contraseña diseñada para impedir la entrada a la psicología. Podemos llamarlo simplemente Mihály. Su pregunta fundamental era mucho más sencilla que su nombre: ¿Qué hace que una vida merezca la pena? Nació en 1934 en Fiume, la actual Rijeka, en una familia húngara. Vivió las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, perdió a sus dos hermanos mayores y conoció la condición del refugiado en la Roma de posguerra. A los dieciséis años asistió en Zúrich a una conferencia gratuita que creyó dedicada a los platillos volantes. El conferenciante resultó ser Carl Gustav Jung, quien habló de los ovnis como proyecciones del trauma y de la necesidad humana de encontrar algún orden en medio del caos. Aquel encuentro dejó una huella profunda en el joven Mihály y reforzó su decisión de estudiar la mente humana. Años después, mientras estudiaba en la Universidad de Chicago, observó algo que le pareció extraordinario. Visitaba los talleres de varios pintores y comprobaba que, mientras trabajaban, podían olvidarse del hambre, del cansancio y del paso del tiempo. Una vez terminada la obra, apenas se detenían a contemplarla: apoyaban el cuadro contra una pared y comenzaban otro. No parecían trabajar únicamente para obtener prestigio, dinero o reconocimiento. La recompensa estaba contenida en el propio acto de pintar. Csíkszentmihályi extendió su investigación a escaladores, músicos, ajedrecistas, deportistas, cirujanos, trabajadores industriales, profesores, madres, adolescentes y personas jubiladas. Utilizó entrevistas y un método entonces innovador: entregaba buscapersonas a los participantes, que sonaban aleatoriamente durante el día para que anotaran qué estaban haciendo, pensando y sintiendo en ese instante. Así nació el llamado Experience Sampling Method, una especie de sismógrafo de la vida cotidiana. La teoría del flujo no surgió, por tanto, de imaginar cómo debería ser una vida feliz, sino de preguntar a miles de personas cuándo sentían que estaban viviendo plenamente. La felicidad no es aquello que sentimos mientras la buscamos El libro Flow: The Psychology of Optimal Experience apareció en 1990, aunque Csíkszentmihályi había presentado el concepto ya en 1975. Desde el principio quiso distanciarse de los recetarios de felicidad. En el prefacio advertía que una vida gozosa es una creación individual y no puede reproducirse mediante una fórmula universal. Su planteamiento contiene una paradoja esencial: la felicidad no suele aparecer cuando nos dedicamos a buscarla directamente. Podemos perseguir comodidad, placer, descanso, dinero, reconocimiento o seguridad. Todos ellos poseen valor, pero ninguno garantiza una experiencia interior rica. Una persona puede estar protegida de casi todo y sentirse mortalmente aburrida. Otra puede afrontar un trabajo difícil y experimentar una profunda vitalidad. Csíkszentmihályi distingue entre placer y disfrute. El placer satisface una necesidad o restablece un equilibrio: comer cuando tenemos hambre, descansar cuando estamos cansados, refrescarnos cuando sentimos calor. Es necesario, pero tiende a devolvernos al punto de partida. El disfrute profundo hace algo diferente. Implica atención, aprendizaje, esfuerzo y reorganización. Después de una experiencia de flujo no somos exactamente quienes éramos antes, porque hemos empleado nuestras capacidades y las hemos ampliado. Esta distinción resulta incómoda para nuestra época. Buena parte de la industria del bienestar promete reducir fricciones: menos esfuerzo, menos espera, menos incomodidad. Mihály introduce una nota discordante: una vida sin resistencia no es necesariamente una vida feliz; puede ser una vida sin forma. La experiencia óptima no nace de eliminar todos los obstáculos, sino de afrontar aquellos que nos permiten crecer. Fluir no significa dejarse llevar La expresión “déjate fluir” evoca pasividad, espontaneidad y ausencia de control. El flujo psicológico requiere, en cambio, una concentración extraordinaria. No es abandonarse a la corriente. Es convertirse en corriente. (Esta frase me gusta mucho y además, me recuerda a uno de mis viejos ídolos: Bruce Lee) Para que aparezca el flujo debe existir una relación dinámica entre dos factores: la dificultad del desafío y el nivel de nuestras habilidades. Cuando el reto supera ampliamente nuestras capacidades, aparece ansiedad. Cuando nuestras capacidades exceden demasiado lo que la tarea exige, aparece aburrimiento. Cuando reto y habilidad son demasiado bajos, puede instalarse la apatía. El territorio fértil se encuentra cuando la actividad nos exige mucho, pero todavía percibimos que podemos responder. No estamos cómodos ni desbordados. Nos hallamos en esa frontera donde el dominio adquirido entra en contacto con algo que aún no sabemos hacer del todo o que nos exige ser creativos y aumentar nuestras habilidades. Esto explica por qué el flujo se desplaza. Cuando aprendemos, aquello que ayer nos exigía toda la atención se vuelve rutinario. El pianista necesita una composición más compleja; el ajedrecista, un adversario más hábil; el artesano, una dificultad nueva. Si el desafío no crece con nosotros, el flujo se seca y deja detrás el limo del aburrimiento. Por eso fluir no es instalarse definitivamente en un estado perfecto. Es ajustar una y otra vez la altura del obstáculo. Los 8 rasgos de la experiencia óptima A partir de entrevistas realizadas durante más de una década a varios miles de personas, Csíkszentmihályi identificó ocho rasgos que aparecían repetidamente en las mejores experiencias humanas. Los participantes pertenecían a culturas, edades, profesiones y condiciones sociales muy diferentes, pero describían sensaciones sorprendentemente parecidas. El flujo suele comenzar con una actividad exigente pero realizable. No tiene que ser física ni espectacular. Leer, conversar, investigar, cocinar o resolver un problema pueden requerir habilidades simbólicas, emocionales o intelectuales muy refinadas. La segunda condición es una concentración intensa. La atención deja de dispersarse entre numerosos asuntos y queda reunida en una sola acción. En tercer lugar, aparecen objetivos claros. No es necesario conocer el desenlace lejano, pero sí el paso inmediato. El escalador sabe cuál es el siguiente apoyo; el cirujano, qué debe hacer en ese instante; el escritor, qué frase está intentando resolver. La cuarta característica es la retroalimentación inmediata. La propia actividad informa sobre cómo estamos actuando. La nota suena o no suena; la pieza encaja o no encaja; el movimiento funciona o fracasa. En quinto lugar, acción y conciencia se funden. Dejamos de observar cada gesto desde fuera. La conducta parece avanzar sin las interferencias habituales del comentario interior. La sexta característica es una peculiar sensación de control. No significa que controlemos el mundo, sino que sabemos responder dentro del campo limitado de la actividad. En séptimo lugar se produce una disminución de la autoconciencia. Durante un tiempo dejamos de preocuparnos por nuestra imagen, nuestra importancia o la opinión ajena. El yo desaparece del primer plano. Paradójicamente, después de la experiencia suele regresar fortalecido. Finalmente, se altera la percepción del tiempo. Una tarde cabe en unos minutos o unos segundos se dilatan con extraordinaria densidad. La actividad establece su propio reloj. Estos elementos no constituyen un conjuro. No siempre aparecen todos ni con la misma intensidad. Pero juntos describen una experiencia muy distinta de la simple distracción: la conciencia está tan ordenada que apenas queda energía disponible para el ruido interior. La atención: el verdadero material del que está hecha una vida Aquí se encuentra quizá la idea más profunda del libro. Csíkszentmihályi denomina a la atención energía psíquica. Todo aquello que recordamos, pensamos, sentimos o decidimos necesita atención para entrar en nuestra conciencia. Por tanto, aquello a lo que atendemos no solo ocupa nuestro tiempo: construye la persona en la que nos convertimos. Dos individuos pueden habitar la misma casa, desempeñar el mismo trabajo y disponer de recursos semejantes, pero vivir realidades completamente distintas. Uno presta atención a los agravios, amenazas y comparaciones; otro descubre relaciones, matices, problemas interesantes y posibilidades de acción. No viven en mundos psicológicos idénticos porque no invierten su atención en los mismos lugares. El flujo se produce cuando esa energía limitada deja de fragmentarse. La información que entra en la conciencia está alineada con la acción y con el objetivo presente. Csíkszentmihályi llama entropía psíquica al estado contrario: preocupaciones, deseos contradictorios, amenazas e informaciones inconexas compiten por ocupar la mente y dificultan que podamos dirigirla El libro fue publicado antes de los teléfonos inteligentes, las redes sociales y las notificaciones permanentes. Sin embargo, sus páginas dedicadas a la televisión parecen escritas para nuestro tiempo. Mihály observó que muchas personas recurrían a ella no porque proporcionara un disfrute especialmente intenso, sino porque estructuraba la atención con un coste mínimo y evitaba que la mente se enfrentara a sus propias preocupaciones. Trasladada al presente, la cuestión es formidable. La economía digital no compite únicamente por nuestro dinero. Compite por el material con el que construimos nuestra conciencia (ver Astromembresía número 1). Podemos pasar horas absorbidos por una pantalla sin experimentar flujo. Absorción no equivale necesariamente a plenitud. También existe una atención capturada, interrumpida y conducida desde fuera. El flujo ordena la conciencia alrededor de una acción que exige capacidades; en cambio, el consumo compulsivo la mantiene ocupada. No persigas el flujo: construye sus condiciones El flujo no responde bien a una orden directa. En cuanto comenzamos a preguntarnos “¿estoy fluyendo ya?”, recuperamos la autoconciencia que debía desaparecer. Se parece al sueño: podemos preparar la habitación, apagar la luz y reducir el ruido, pero no podemos obligarnos a dormir. Por eso resulta más útil construir sus condiciones. Conviene escoger una actividad con límites claros; definir qué significa avanzar durante la próxima hora; eliminar interrupciones previsibles; ajustar la dificultad para que no resulte trivial ni paralizante; procurar algún tipo de respuesta inmediata; y reservar un tiempo suficientemente amplio para atravesar la incómoda franja inicial, cuando la atención todavía intenta escapar. No necesitamos convertir toda la vida en un permanente estado de flujo. También necesitamos descanso, relaciones sin objetivos, divagación, contemplación y tiempo aparentemente improductivo. El flujo no debe transformarse en la última máscara de la obsesión por el rendimiento. Pero una existencia completamente privada de experiencias de absorción profunda se vuelve plana. Podemos estar muy ocupados sin sentirnos verdaderamente implicados; muy estimulados sin estar despiertos; muy entretenidos sin haber disfrutado. La pregunta decisiva de esta semana no es, por tanto, “¿soy feliz?”. Es otra: ¿Qué estaba haciendo la última vez que me olvidé de mí mismo sin perderme, y regresé de aquella experiencia sintiéndome un poco más completo? Quizá en esa respuesta haya una pista sobre el tipo de vida que está intentando abrirse paso en ti. Más allá de los eslóganes modernos sobre la productividad o el "estar en el presente", el libro plantea una tesis profunda: la felicidad no es algo que sucede de manera pasiva, sino un estado de conciencia que se cultiva activamente. «Quienes desarrollan esta estructura de conciencia no dependen de circunstancias excepcionales para experimentar satisfacción. Son capaces de encontrar interés en las situaciones más rutinarias o adversas gracias a su capacidad para fijarse metas, evaluar su propio progreso y perfeccionar sus habilidades de forma continua.» Esta cita sintetiza el núcleo filosófico y práctico de la obra de Mihaly Csikszentmihalyi: la soberanía sobre la propia conciencia. En lugar de esperar a que las condiciones externas sean perfectas —algo que rara vez sucede—, el autor sostiene que el verdadero dominio personal consiste en desarrollar una mente capaz de estructurarse a sí misma. La ilusión del entorno ideal La mayoría de las personas condicionan su bienestar a factores externos: un trabajo sin fricciones, un entorno tranquilo o la ausencia de problemas. Csikszentmihalyi argumenta que este enfoque condena al individuo a la reactividad. Si la satisfacción depende de la suerte o del contexto, la mente queda a merced de la entropía del entorno. La personalidad autotélica invierte esa ecuación: no busca cambiar las circunstancias externas de inmediato, sino la forma en que la atención procesa la información que entra en la conciencia. El mecanismo de la autonomía mental La frase detalla las tres herramientas internas para transformar cualquier situación (incluso una tarea tediosa o una adversidad) en una fuente de orden y crecimiento: Capacidad para fijarse metas propias: Cuando las metas no vienen dadas desde fuera, el individuo autotélico las crea. En un atasco de tráfico, en una sala de espera o en un trabajo repetitivo, establece un micro-objetivo (aprender algo, perfeccionar un gesto, observar un detalle con precisión). Evaluación del propio progreso: No necesita el aplauso ni la aprobación externa para saber si va por buen camino. Genera sus propios criterios de retroalimentación en tiempo real. Perfeccionamiento continuo de habilidades: Considera cada obstáculo no como un problema molesto, sino como un nivel superior en un juego que pone a prueba sus destrezas. La libertad última: La resiliencia psíquica Al final, la cita de Csikszentmihalyi conecta directamente con tradiciones filosóficas clásicas como el estoicismo: la libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en ser dueño de la propia atención. Quien aprende a transformar la rutina en desafío y la adversidad en un terreno de entrenamiento no solo experimenta el estado de flujo de forma frecuente, sino que alcanza una forma de inmunidad emocional. Su satisfacción ya no es un regalo del destino, sino una conquista de su disciplina mental. Fluir no consiste en que la vida deje de oponer resistencia. Consiste en encontrar una resistencia que despierte nuestras mejores capacidades. Y tal vez la felicidad, esa criatura tan huidiza cuando se la persigue, aparezca entonces de soslayo, ocupada en otra cosa, mientras nosotros también lo estamos. 7. El flow entra en el taller de la creatividad ¿Puede el estado de flujo producir una idea extraordinaria? Csíkszentmihályi quiso comprobarlo sin acudir a recetas abstractas. Entrevistó a escritores, músicos, científicos, inventores, arquitectos y pensadores que habían realizado contribuciones importantes. Entre ellos había premios Nobel, artistas reconocidos y creadores de tecnologías decisivas. La conclusión más llamativa no fue que poseyeran una técnica secreta. Tampoco que vivieran permanentemente inspirados. Lo que compartían era algo más sencillo y más difícil: sentían un intenso placer al trabajar con ideas, problemas, sonidos, palabras o formas. Casi todos describían el trabajo creativo como una mezcla desconcertante de esfuerzo y juego. Habían trabajado durante toda su vida y, al mismo tiempo, sentían que apenas habían trabajado, porque la actividad les resultaba absorbente y profundamente satisfactoria. La ducha de 14.000 dólares Alan Kay fue una de las figuras fundamentales en el desarrollo de la informática personal y de las interfaces gráficas. Durante la entrevista contó, medio en serio y medio en broma, que la empresa para la que trabajaba había perdido decenas de millones de dólares por negarse a instalar una ducha de 14.000 dólares junto a su despacho. ¿La razón? Muchas de sus mejores ideas se le ocurrían mientras se duchaba. La anécdota tiene gracia, pero encierra una observación importante. La creatividad no aparece siempre mientras miramos ferozmente el problema. En ocasiones necesita una alternancia entre dos estados: primero, una inmersión prolongada en la cuestión; después, un intervalo en el que la vigilancia racional se relaja y las conexiones pueden reorganizarse. No es que el agua caliente contenga propiedades inventivas. Kay llevaba el problema consigo. La ducha proporcionaba un espacio sin teléfonos, reuniones, correos ni exigencias inmediatas. Su mente seguía trabajando, pero había dejado de recibir órdenes. Csíkszentmihályi utiliza el caso para mostrar que el ambiente puede favorecer o apagar la creatividad. A veces, una modificación relativamente pequeña del entorno produce más efectos que otro curso de pensamiento innovador con rotuladores de colores. Aplicación: conviene descubrir dónde aparecen nuestras mejores asociaciones. Puede ser caminando, conduciendo, cocinando o justo antes de dormir. No para esperar pasivamente una iluminación, sino para colocar esos intervalos después de haber trabajado intensamente sobre un asunto. La novela que comenzó con una bola de nieve El escritor canadiense Robertson Davies explicó que una novela podía comenzar para él con una imagen insistente cuyo significado todavía desconocía. Durante un tiempo reapareció en su imaginación una calle del pequeño pueblo de Ontario donde había nacido. En ella, dos niños jugaban en la nieve y uno lanzaba una bola contra el otro. Davies no poseía aún una trama completa ni una tesis. Solo aquella escena, cargada de una significación que no conseguía descifrar. La imagen terminó convirtiéndose en el arranque de Fifth Business, primera novela de su célebre trilogía de Deptford. Escribir el libro consistió, en buena medida, en averiguar cuáles podían ser las consecuencias de aquella bola de nieve. El caso muestra una particularidad de la creatividad que suele olvidarse: el objetivo no siempre está claro al comenzar. En los problemas técnicos, la meta puede consistir en reparar un mecanismo o demostrar una hipótesis. En la creación artística, a menudo se avanza detrás de una intuición incompleta. Davies no recibió la novela terminada en una descarga celestial. Recibió una pregunta en forma de imagen y dedicó su trabajo a seguirla. Aplicación: no rechazar una imagen, una frase o una idea porque aún no sepamos para qué sirve. Puede convertirse en el hilo que conduzca hacia una estructura que todavía no existe. Freeman Dyson: construir un puente desde los dos extremos El físico y matemático Freeman Dyson ofreció a Csíkszentmihályi una descripción especialmente precisa del flow creativo. Cuando la escritura comenzaba a funcionar, sentía que no era el cerebro quien redactaba, sino los dedos. Con las ecuaciones le ocurría algo semejante: empezaban a conducir el razonamiento. Sin embargo, esta aparente espontaneidad no era una improvisación ciega. Dyson necesitaba tener presente una arquitectura general. Comparaba la construcción de un capítulo o la demostración de un teorema con levantar un puente: comenzaba desde ambos extremos y procuraba que las dos partes se encontraran en el centro. La imagen permite comprender que flow no significa ausencia de estructura. Primero existe un diseño, aunque sea provisional. Después comienza el trabajo intenso de probar piezas, descartar soluciones y descubrir qué encaja. Cuando desafío y capacidades se equilibran, la actividad adquiere cierta autonomía y parece avanzar por sí misma. La creatividad no está solamente en tener ideas. También está en construir una forma capaz de alojarlas. Aplicación: antes de comenzar una tarea compleja, dibujar su arquitectura mínima: dónde empieza, hacia dónde debe llegar y qué partes han de encontrarse. Después, dejar espacio para que el proceso modifique el plano. El científico que necesitaba una estilográfica El biólogo y escritor Barry Commoner llevaba siempre una pluma estilográfica. Afirmaba que su capacidad para pensar y escribir simultáneamente dependía del fluir de la tinta. Rechazaba los bolígrafos porque, según él, no fluían de la misma manera. La explicación posee algo de superstición privada, pero también una verdad corporal. Las ideas no viven aisladas en una cámara intelectual. Están unidas a movimientos, ritmos, herramientas y sensaciones. Para Commoner, el desplazamiento continuo de la pluma acompañaba el curso del pensamiento. La herramienta no era un simple recipiente de las ideas: participaba en su aparición. La escena también recuerda que los creadores pueden ser muy racionales respecto a su disciplina y deliciosamente irracionales respecto a sus utensilios. El cerebro humano parece tolerar sin dificultad que un científico examine rigurosamente el mundo y, al mismo tiempo, considere sospechoso a un bolígrafo. Aplicación: observar si una herramienta facilita o entorpece nuestro pensamiento. Escribir a mano, cambiar el tamaño del papel, hablar en voz alta, trabajar de pie o utilizar objetos físicos puede modificar la calidad de la atención. Naguib Mahfouz y el inventor que prefería divertirse El inventor Jacob Rabinow, autor de numerosas patentes, explicó que no comenzaba preguntándose qué producto proporcionaría más dinero. Cuando debía elegir entre una idea rentable y otra que le resultaba estimulante, tendía a escoger la segunda. Naguib Mahfouz, premio Nobel de Literatura, lo expresó de otra forma: amaba más el trabajo que aquello que el trabajo podía producirle. Csíkszentmihályi encontró esta disposición una y otra vez entre los entrevistados. No significa que fueran indiferentes al dinero, el éxito o el reconocimiento. Significa que esas recompensas no bastaban para mantener durante años la concentración necesaria. La energía procedía, principalmente, del interés por la propia actividad. Aquí aparece la relación decisiva entre creatividad y flow: la persona creativa no trabaja únicamente para terminar, cobrar o ser admirada; encuentra recompensas dentro del propio problema. Por eso puede permanecer más tiempo junto a él, conocerlo mejor y explorar caminos que una motivación exclusivamente externa abandonaría demasiado pronto. Lo que realmente aumenta la creatividad A partir de estas entrevistas, Csíkszentmihályi desmonta varios lugares comunes. La creatividad no depende principalmente de esperar una gran inspiración. Las contribuciones importantes casi nunca nacen de una revelación aislada, sino de años de conocimiento, curiosidad, trabajo y relación con una disciplina. Tampoco brotan únicamente de una mente excepcional: necesitan un entorno, unas herramientas, una tradición previa y otras personas capaces de reconocer la novedad. Pero las anécdotas anteriores permiten extraer cinco claves concretas: Trabajar profundamente antes de descansar. La ducha de Alan Kay funcionaba porque su mente ya estaba cargada de problemas. Conservar las intuiciones incompletas. Robertson Davies no exigió a su imagen que llegara acompañada de una novela entera. Construir una estructura flexible. Dyson sabía qué puente quería levantar, aunque todavía ignorara cómo unirlo. Encontrar una herramienta que acompañe al pensamiento. Para Commoner era una estilográfica; para otra persona puede ser una libreta, una pizarra o una conversación. Elegir problemas que produzcan curiosidad. La motivación externa puede iniciar una tarea, pero difícilmente sostiene durante años la exploración creadora. La pregunta creativa de la semana No sería “¿cómo puedo tener mejores ideas?”, porque la pregunta ya contiene una pequeña ansiedad de rendimiento. Sería esta: ¿Qué problema, imagen o proyecto seguiría explorando aunque todavía no supiera qué utilidad tendrá ni quién va a reconocerlo? Ahí puede encontrarse el comienzo del flow creativo: no en la obligación de producir algo original, sino en la aparición de una pregunta suficientemente fascinante como para que deseemos permanecer dentro de ella. CLAVES ASTROLÓGICAS DE LA SEMANA Del 2 al 9 de agosto Esta semana hay dos planetas que cambian de signo, y eso ya es importante en sí mismo: Venus entra en Libra y Mercurio entra en Leo. Sobre el primero, influye en cuestiones de estética, bienestar, armonía, equilibrio, gasto, disfrute y relaciones personales. Habrá que ver por donde nos transita, porque puede aportar todo eso y más, pues ya sabemos que no todo es bonito ni bello en Venus. Ojo con eso, más aún considerando que formará oposición con Neptuno. Igual que tampoco es bueno todo lo que es bonito, ni bonito todo lo bueno. En fin... Sobre Mercurio en Leo es sumamente interesante, porque se unirá al Sol y a Júpiter en este signo. Una combinación muy creativa. A disfrutarla, pues. ¡Feliz semana!