Las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira, en Cantabria, España, representan una de las más bellas y enigmáticas obras de arte del ser humano. Vamos a tratar, en este artículo de esbozar la teoría de que podrían representar el primer atlas celeste de la humanidad.

Se ha menospreciado en exceso el saber y las habilidades de nuestros más lejanos antepasados, las tribus del Paleolítico. Pero, conforme avanzan las investigaciones, se demuestra que aquellas gentes, además de ingeniárselas para sobrevivir, tenían una elevada espiritualidad y unas habilidades artísticas cargadas de intención, de simbolismo y significado.

Las sorprendentes muestras del arte primitivo, repartidas por todo el planeta, desvelan el espíritu sublime de nuestros antepasados paleolíticos. Tenían conciencia del simbolismo y de la magia, e hicieron los primeros intentos de aproximación al cielo, de hermanamiento con las estrellas.

Esa es la más clara explicación que se puede ofrecer de todo arte primigenio: la de un ser humano maravillado ante el gran espectáculo de su vida: unos cielos sobrecogedores, fulgurantes, llenos de estrellas, planetas, lluvias de estrellas, cometas, eclipses, salidas y puestas de sol, una luna plateada y voluble, una Vía Láctea que parecía partir el cielo en dos mitades, a semejanza del hombre y la mujer, un cielo y unos fenómenos cósmicos, en fin, que marcaban sus días y sus noches, que determinaban sus vidas. No tenían televisión, ni ordenadores, ni internet,  ni móvil, ipad u otro tipo de pantallas, pero estaban enchufados permanentemente con la Naturaleza y mirando la mayor pantalla del mundo, el Cosmos. ¡Bendita conexión!

A base de observación, aquellos seres primitivos, entendieron y asociaron perfectamente la periodicidad de ciertos fenómenos celestes con cuestiones de la vida cotidiana, como las aves migratorias, la recolección de ciertos frutos, la caza y la pesca. Como consecuencia, al ver que sus vidas y subsistencia estaban supeditadas al movimiento de los astros, quisieron entender mejor el cielo. Para ordenar aquel extraordinario galimatías que mostraba el infinito lienzo del cielo, unas veces más claro y otras más oscuro, empezaron a sistematizar y estructurar todos los fenómenos que veían sobre sus cabezas para poderlos memorizar y cronometrar, sobre todo las luminarias, es decir, el Sol y la Luna. Era la manera de levantar los primeros calendarios para controlar sus vidas. Así fue como  asociaron las estrellas por grupos, como un proceso mnemotécnico y mágico a la vez, y las relacionaron con los animales que ellos conocían mejor. Animales, no vegetales, lo cual es una de las muestras más evidentes de lo primitivo que es el Zodiaco. De cuando el ser humano era cazador y se alimentaba casi exclusivamente de carne, muchos miles de años antes del Neolítico.

La Astrología empezaron a sistematizarla –tal y como hoy la conocemos- las civilizaciones que habitaron entre el Tigris y el Eúfrates a partir del año 3.000 a.C. aproximadamente. Sin embargo, se han encontrado calendarios y zodiacos mucho más antiguos, como el de Susfana, en una cueva de las montañas del Atlas del norte de África, que está datado en torno al 10.000 a.C. Es evidente que antes del Neolítico había un interés por conocer el cielo y sus influjos.

Quizá las pinturas de Altamira y otras del norte de España y el sur de Francia, donde tanto abundan las muestras artísticas del Paleolítico, son los primeros balbuceos para establecer un Zodiaco como tal, es decir, una especie de círculo animal (pues este es el significado de Zodiaco).

 

¿HOMO SAPIENS O NEANDERTALES?

Según un estudio reciente, liderado por la Universidad del País Vasco y publicado en la prestigiosa revista Journal of Archaeological Science (1), las pinturas de Altamira podrían tener unos 10.000 años más de lo que se creía. Se debieron estar haciendo durante 20.000 años, entre hace 35.000 y 15.000 años, quizá por los primeros Homo Sapiens que llegaron a la península. Existen pruebas de que ambas especies podrían haber convivido durante un tiempo en algunas cuevas, como la del Castillo, cerca de Altamira. Las manos grabadas aquí serían las pinturas más antiguas de las cuevas, con 40.800 años de antigüedad,  justo cuando se supone la llegada del Homo Sapiens. Eso hace plantearse muchas cosas: ¿fue realmente el Homo Sapiens quien empezó a pintar en las cuevas del norte de España y el sur de Francia o fueron los Neandertales? ¿Es cierto que los Neandertales no tenían capacidad para el simbolismo? Seguro que aún aguardan muchas sorpresas.

 

CAPILLA SIXTINA DE LA PREHISTORIA

La cueva de Altamira fue la primera de las cuevas con pinturas rupestres en ser descubierta, pero sigue siendo la que tiene el arte paleolítico más espectacular de todo el mundo.

Altamira mapa de la cuevaNo es muy grande, mide 270 metros de longitud y apenas tiene ramificaciones. El conjunto más importante de pinturas polícromas está en la “Gran sala de los polícromos” o “Sala de los frescos”, entre los muchos nombres que se le han otorgado, y a la que Déchelette bautizó con uno de los tópicos que ahora más se usan: “Capilla Sixtina del Arte Cuaternario”. Con una bóveda de 18 metros de larga por 9 de ancha, tiene una altura que oscila entre 110 y 190 cms.

El asombroso arte de la cueva de Altamira muestra una riqueza de pinturas básicamente rojas, ocres y negras en la que predominan bisontes, caballos, ciervos y cabras, junto a otros animales como jabalíes, etc. En el conjunto principal de pinturas predomina el bisonte en policromía, aunque Matilde Múzquiz –coautora, junto a su marido Pedro, de la réplica de la cueva de Altamira y otras- descubrió en su tesis doctoral (2) que se pintaron sobre grabados de caballos realizados en una época muy anterior. Según ella, esos grabados los hizo un solo artista, como ocurriría más tarde con las policromías. A lo largo de la cueva, destacan algunas figuras excepcionales como el Bisonte encogido, la gran Cierva o el Caballo ocre.

 

DIFERENTES INTERPRETACIONES

El arte de las cuevas de Altamira y, por extensión, las del norte de España, es maravilloso y fascinante, pero sigue siendo un completo enigma, a pesar de los interesantes avances que han hecho arqueólogos, paleontólogos y demás investigadores, así como el mimo que ponen en el museo, la propia comunidad de Cantabria y todas las entidades y personas dedicadas al cuidado del lugar. Hasta ahora, los intentos por descifrar su significado y sentido han dado lugar a numerosas y variadas interpretaciones, pero ninguno tiene pruebas concluyentes en favor de sus teorías o hipótesis. Se argumentan motivos religiosos, símbolos sexuales, su carácter chamánico o totémico, magia por analogía o imitación… hasta los hay que creen en el simple arte como decoración.

Pero todo arte ha estado siempre lleno de intención y significado, lleno de magia. Nuestros antepasados no serían una excepción. Leroi-Gourhan (3) concibe la cueva como un santuario al que tenían acceso únicamente determinadas personas. Según él, no se plasmaban animales objetos de caza o que sirvieran para el sustento, sino una especie de bestiarios que tendrían algún sentido.

Sin duda, esas pinturas eran iniciáticas y llenas de simbolismo astral, como claramente se deduce del hecho de que se pintasen en el techo. Vamos a poner la atención en una de las interpretaciones más interesantes, la de Luz Antequera Congregado en su tesis doctoral de septiembre de 1991,  titulada Arte y astronomía: Evolución de los dibujos de las constelaciones.

 

EL PRIMER ATLAS CELESTE DEL MUNDO

Es una tesis que no tiene desperdicio, donde creemos notar la influencia de uno de los personajes que figuran en los agradecimientos, Juan Vernet (a quien echamos mucho de menos). La autora correlaciona las figuras del techo de Altamira con diversas constelaciones, donde estarían representadas la Osa Mayor, Orión, Hércules, etc. Incluso relaciona los dos jabalíes de los extremos de la escena central de la sala policromada con los solsticios de verano e invierno.

Habría muchos puntos a citar, pero pondremos tan solo un par de ejemplos:

“La similitud encontrada entre la posición de Tauro en un planisferio del siglo IX con los bisontes de las pinturas rupestres sugiere la hipótesis de que el auténtico origen de los dibujos de las constelaciones se halla en los techos de las grutas”.

“Parece muy arriesgado decir que la sala de los bisontes de Altamira es una representación de la bóveda celeste, pero el hecho de que los animales se encuentren pintados sobre el techo podría ser significativo”.

En otro punto de dicha tesis, la autora se plantea qué pueden ser esas líneas o flechas que aparecen sobre ciertos animales.

“Otros testimonios importantes nos los dan el Abate Enrique Breuil y Hugo Obermaier que, hablando del significado de unos símbolos que aparecen en la parte profunda del techo de la misma sala que los Policromos de Altamira, los describe como:

…raros restos de dibujos de animales lineares rojos, que han sido rayados, cuando hay contacto con grafitos, numerosos en esta parte del techo y que representan verosímilmente chozas cónicas… Parece que son de la misma edad las numerosas puntuaciones localizadas a lo largo de una de las paredes. En los grabados de esta parte figuran exclusivamente chozas y constan de líneas divergentes que parten de un punto…

Interpretar estos símbolos como chozas puede ser tan verosímil como interpretarlos como estrellas”.

Pero, ¿y si esos rayos no representasen chozas ni estrellas, sino días? ¿Podrían esos bisontes representar fases o cómputos lunares compuestos de tantos días como líneas o flechas aparecen en cada uno de ellos? Algunos creen que esas rayas son flechas, pero, ¿y si aquellos artistas-astrólogos pintaron cada día como una flecha, con el pensamiento de que cada día que pasaba mataba más la semana, representada por el animal? Seguramente el cómputo del tiempo y la representación del Sol, la Luna y las estrellas era uno de los objetivos de su arte.

Cueva de AltamiraSegún Leroi-Gourhan, los bisontes del techo de la cueva de Altamira representan a la mujer, mientras que los caballos representan al hombre. Esta clara división de sexos podría tener sentido, ya que los bisontes están pintados en rojo, color que se puede asociar a la mujer por la menstruación, mientras que los caballos están en blanco, que se puede asociar al hombre por el semen. Si fuera cierto que los artistas-simbolistas-magos del paleolítico asociaron al hombre y la mujer con estos dos grandes herbívoros, era normal, también, que para ellos representasen igualmente a las dos grandes luminarias, el Sol (hombre) y la Luna (mujer).

Pero, ¿por qué representar de forma tan sofisticada y artística al Sol y la Luna, en lugar de hacer simples incisiones en huesos o en la roca?  Por una razón muy simple: porque el cielo es poesía pura, sobre todo si tenemos en cuenta que estaban a la intemperie, a merced de los astros, de un cielo que era un auténtico espectáculo y que, sin duda, les maravillaba y trataron de descifrar. Sería un error pensar que aquellos seres, a los que llamamos primitivos, carecían de sensibilidad para captar la magia del Universo y tratar de plasmarla en sus lugares sagrados.

Una hipótesis tan loable o tan probable como cualquier otra, esa es la verdad, pero me gusta pensar que es así. Es más, estoy convencido de que estamos hablando del Zodiaco y los calendarios más primitivos de todo el mundo de los que tengamos constancia.

 

HISTORIA DE LA CUEVA DE ALTAMIRA

347px-Sanz_de_SautuolaMaría_Sanz_de_Sautuola2

La cueva de Altamira fue descubierta en 1868 por un cazador, pero nadie le prestó atención porque es una zona llena de cuevas. Pasaron años hasta que Marcelino Sanz de Sautuola, abogado aficionado a la paleontología y la botánica, la visitó en 1875. La recorrió entera, pero tan solo apreció unas líneas negras a las que no concedió importancia. Tres años más tarde fue a la Exposición Universal de Paris, lo que alentó su curiosidad y volvió a la cueva en verano de 1879 para ver si encontraba algo de interés. Mientras buscaba restos óseos y de sílex en el vestíbulo de la cueva, su pequeña hija María Faustina, que tenía ocho años, se introdujo un poco más adentro y descubrió las pinturas. Salió gritando la famosa exclamación: “Padre, toros”. Al año siguiente, aquel entusiasta buscador publicó un breve opúsculo titulado Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander.

Nadie podía creer que aquellas maravillas fuesen prehistóricas; a nuestros antepasados del paleolítico se les habían negado las habilidades artísticas. No sería hasta principios del siglo XX, muchos años después de la muerte de Marcelino Sanz, cuando se reconocieran como auténticos aquellos descubrimientos, merced a los trabajos de los franceses Henri Breuil y Émile Cartahilac (4) que publicaron en 1902.

La Cueva de Altamira fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985, una declaración que se haría extensiva en 2008 a otras 17 cuevas del País Vasco, Asturias y Cantabria, bajo un nombre conjunto: “Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del norte de España”.

A lo largo de la historia sufrió varios derrumbes parciales, el más reciente el ocurrido a finales del periodo Magdaleniense, hace unos 13.000 años, gracias al cual se conservaron tan bien las pinturas y grabados, ya que la cueva se quedó bloqueada.

 

LA CUEVA, ÚTERO MATERNO

Las cuevas representan el útero o la vagina y, por extensión, a la Gran Diosa que alberga el origen y el fin de todo lo visible y lo invisible. Donde mueren y renacen, también, el Sol y la Luna. Si los hombres y las mujeres se escondían en cuevas al llegar la noche, ¿acaso el Sol y la Luna no harían lo mismo? Las cuevas y las montañas son los primeros santuarios de la humanidad, desde el Paleolítico.

Son numerosos los dioses que nacen en el interior de una cueva, como Hermes o Mitra; Júpiter se refugió de Saturno en una cueva. La cueva también es el lugar de iniciación en distintos mitos y relatos de todo tiempo y lugar, como la propia caverna de Platón, que tiene, por supuesto, significado cósmico para quienes saber percibirlo.

El descubrimiento de las cuevas del norte de España y del sur de Francia, entre finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX permitió al ser humano reencontrarse con el poder del mito cavernario.

 

VISITA A LA CUEVA DE ALTAMIRA

Visitar Cantabria es ir a un lugar lleno de magia, naturaleza coloreada de verde vegetación, mar y un terreno cárstico plagado de cuevas, muchas cuevas. Más de 6.000, de las cuáles más de 1.000 albergan algún tipo de arte rupestre. Allí vivieron durante decenas de miles de años nuestros antepasados Neandertales y Homo Sapiens, y dejaron algunas de las más fabulosas obras de arte de la humanidad. La Cueva de Altamira, quizá la más emblemática de todas las cuevas del norte de España, está a tan solo unos 2 kms. de Santillana del Mar, uno de los pueblos con mayor encanto de toda España.

En la actualidad la cueva auténtica permanece cerrada al público para preservar las pinturas, pero se está estudiando volverla a abrir. El informe definitivo estará listo en septiembre del próximo año 2014. Entretanto, se puede visitar la “neocueva”, fenomenal réplica que se hizo de la entrada y la sala policromada, así como el museo.

 

NOTAS:

1.- Journal of Archaeology Science, Volume 40, Issue 11, Noviembre 2013, “Uranium series dating reveals a long sequence of rock art at Altamira Cave (Santillana del Mar, Cantabria)”  http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0305440313001726

La nueva datación se ha efectuado mediante el uranio-torio sobre 50 pinturas de diversas cuevas del norte de España, entre ellas Altamira, que es mucho más precisa que el Carbono 14. Esta técnica no se efectúa sobre muestras de pintura, sino sobre la calcita acumulada sobre ellas.

2.- Matilde Múzquiz Pérez-Seoane: Análisis artístico de las pinturas rupestres del gran techo de la cueva de Altamira, 1998.

3.- André Leroi Gourhan: Los primeros artistas de Europa. Introducción al arte parietal paleolítico.

4.- En 1902, el abate Henry Breuil plantea la cuestión del arte parietal paleolítico en el marco del congreso de la “Association Françoise pour l’Avancement des Sciences” (Montauban, Francia) y consigue que varios congresistas, hasta entonces escépticos, visiten las cuevas. Émile Cartahilac, uno de ellos, visitó la cueva de Altamira con el propio Breuil, tras lo cual publicó un libro y un artículo: La grotte d’Altamira, Espagne. Mea culpa d’un sceptique.

Este artículo fue publicado, por primera vez, en octubre del año 2013 en la revista Tu Suerte, fundada y dirigida por Vicente Cassanya desde 1998 hasta enero de 2015. Para visitas a la cueva, consultar situación actual en lugares como el Museo Nacional y Centro de Investigación.